La interna del PS: Houston we have a problem (Cap 2)

En el primer capítulo de esta saga, Pa’ entrar en calor, describimos básicamente cómo funciona el sistema electoral sobre el que reposa la democracia interna del Partido Socialista (PS) y mostramos que se basa en mecanismos razonables y transparentes que incluyen amplia participación de los militantes en las decisiones partidarias. En este segundo capítulo, veremos las dificultades que genera el actual sistema electoral en un contexto político de polarización extrema que a su vez se retroalimenta. Por último, en la próxima columna analizaremos ejemplos de sistemas electorales y sus ventajas y desventajas en el contexto de la cultura política del actual PS.

Toma 1:

En el viejo PS, al igual que hoy, existían fuertes y estructuradas agrupaciones ideológicas divididas por cuestiones de política internacional, política de alianzas y formas de hacer política, pero estaban explícitamente prohibidas las fracciones y por tanto ejercían un control fuerte pero no total de los delegados de las instancias electorales. De hecho, las “planchas” (papeles de las agrupaciones que indican a quiénes deben votar los delegados) se circulaban fuera de la vista pública.

Toma 2:

Como veremos más adelante, debido a los fuertes incentivos del sistema electoral para alinear los votos de los delegados para maximizar el poder, el disciplinamiento de los delegados fue aumentando, acrecentando el poder de las fracciones.*

Toma 3:

La apelación a una cultura política más transparente y menos hipócrita, llevó a legalizar de hecho las “planchas” repartidas en las instancias electorales, al punto que incluso empezaron a circular como volantes con detalles de los candidatos. Este proceso se terminó de consolidar al universalizarse los celulares que permitieron difundir rápidamente las “planchas” de candidatos que acordaba cada fracción y por tanto terminaron de disciplinar los delegados en dos barras.

¿Cómo se llama la película? 

Una historia simplificada –y como toda simplificación un poco falsa– de la situación electoral actual del PS.

Vale la pena señalar que en esta película no se dice que los problemas internos del PS, que existen al igual que en todas las organizaciones políticas del mundo, sean producto del sistema electoral. Lo que se intenta mostrar es que este sistema electoral garantiza que efectivamente suceda dicho agrupamiento en una organización que por su cultura política puede agruparse en dos polos.

¿Por qué este sistema electoral favorece el disciplinamiento de los delegados y el bifraccionalismo?

Volvamos a los ejemplos. Como se describió en la columna anterior, el PS asiste a asambleas de delegados para elegir direcciones colegiadas y para ordenar candidatos en listas. Para el primer conjunto de elecciones los votantes eligen entre los candidatos un subconjunto de su interés sin importar el orden. Mientras que en el segundo tipo de votaciones realiza lo mismo pero indicando a qué lugar de la lista lo está votando.

En el primer caso, cuando se eligen órganos colegiados, la votación se resuelve fácilmente contando quiénes son los candidatos/as que obtienen mayor número de votos individuales. En el viejo PS, si es que alguna vez existió, el de fracciones prohibidas e individuos atomizados, cada elector marcaba sus preferencias en cada hoja de votación y el resultado es una dirección que refleja más o menos bien las preferencias de los individuos que los delegados quieren en la dirección nacional.

Sin embargo, existen incentivos para que pequeños grupos de compañeros empiecen a coordinar votar unificadamente a un subconjunto de nombres, concentrando sus votos y levantando simultáneamente a un grupo de personas. Cuanta mayor capacidad de coordinación, más posibilidades de incluir al grupo en la dirección. Imaginemos que dos fracciones controlan 100 votos alineados cada una. Todos los candidatos de cada “plancha” van a tener 100 votos de piso, pero los votantes independientes terminarán definiendo que se mezclen en la dirección final personas de una y otra plancha. También sucede esto cuando una subfracción opera para “bajar” (no votar) algunos nombres de la “plancha” de la fracción, dando lugar a que se mezclen los resultados. Si el número de votos “independientes” o “rebeldes” es suficientemente alto, éstos garantizan que se mezclen en la dirección personas de varias “planchas”.

¿Hasta cuándo me conviene seguir incluyendo gente en la “plancha” a cambio de alinear más votos en el congreso? Hasta que obtengo la mitad de los delegados alineados con mi “plancha”. En ese punto todos los nombres tendrán mayor cantidad de votos que cualquier otro candidato que voten el resto de los delegados. Visto desde la lista minoritaria, los incentivos a unir todos los subgrupos opositores es tan importante que es la única forma de competir con la lista mayoritaria e incluso controlando un número muy cercano a la mitad de los delegados puede quedar completamente afuera de la dirección.

Cuando las “planchas” se transparentan y el número de votantes desalineados pasa a ser muy pequeño, el número de fracciones competitivas “tiende” a dos. El riesgo: si todos los votantes están alineados, el ganador se lleva toda la dirección, todos y cada uno de los candidatos promovidos por la fracción que controla apenas la mitad de los votos se incluyen en la dirección y ningún candidato de la otra fracción es incluido.

En el mismo ejemplo de la columna anterior, en el siguiente cuadro puede verse que alcanza con que dos votantes acuerden entre ellos dos para que el tercero sea irrelevante y además no logre obtener ninguna representación en la dirección a pesar de representar un 33% de los votantes congreso.**

Antes y después de coordinar

En el segundo caso, cuando sí importa el orden de la votación, la cuestión es similar pero los incentivos a respetar el orden de las planchas son todavía más intensos porque un cambio mínimo en una plancha implica riesgos enormes de cederle el lugar a una lista incluso muy minoritaria. ¿Por qué?

El sistema por el cual se vota en el congreso implica que los votantes ordenen sus preferencias respecto al lugar de la lista que piensa que sería mejor que ocupe cada compañero. En el caso extremo de que en el partido existieran dos grandes tendencias de opinión que se agrupan en dos planchas de las que nadie se desalinee, el ordenamiento final reflejará el ordenamiento de todos los cargos de la plancha que obtiene mayor número de votos (ya que le ganará en todos los lugares puesto a puesto).
¿Qué pasa si la tendencia mayoritaria no logra ponerse de acuerdo en el ordenamiento de dos personas y, por ejemplo, una parte la vota en un orden y la otra parte en el otro? El resultado es perder uno de los cargos frente a la lista minoritaria. Se pasa de ganar los dos lugares a competir por quién se queda con el último de los dos lugares al tiempo que arriesgan fácilmente el mejor de los dos lugares frente a la lista minoritaria.***
¿Entonces?

La presente columna quiere transmitir la siguiente idea fuerza: el problema de este sistema electoral para producir direcciones plurales es que requiere la prohibición expresa de las fracciones o acuerdos políticos unitarios muy excepcionales y sólidos. Visto desde el punto de vista de los incentivos, existen grandes motivaciones para prefigurar las diferencias políticas en torno a dos bloques antagónicos. Una vez que se institucionalizaron las “planchas”, resultado bastante inevitable en una cultura política de mayor transparencia, el mayor alineamiento de votantes genera la sobrerepresentación de la lista mayoritaria y la subrepresentación (e incluso exclusión) de la lista minoritaria. La cultura política de las tradiciones ortodoxa y renovadora del socialismo sin lugar a dudas operan independientemente del sistema electoral, pero se refuerzan con éste.

El presente análisis sugiere que aunque el corte divisorio del PS no fuera entre esos dos bloques, con este sistema electoral tendríamos a dos fracciones (probablemente peleadas a muerte). En ciencia política esto está directamente vinculado a lo que se conoce como Leyes de Duverger: el sistema de mayoría simple lleva al bipartidismo o bifraccionalismo. Pero eso lo veremos en la próxima columna: Contamíname, mézclate conmigo.

 

* Una anécdota: en esta etapa un altísimo dirigente del PS fue a una Dirección Nacional de la Juventud Socialista y planteó que no existían las “planchas” y que si el día del Congreso veía alguna, iba a ser el primero en denunciarlo frente a todos los delegados. Este servidor, un poco manijeado porque no se le mintiera en la cara a la Dirección de la Juventud, le llevó a ese alto dirigente una colección de las “planchas” en circulación el día del Congreso, sin mucho éxito.

** Esta vez Luis sí se re quemó y abandonó el barco… una pena.
*** Pensemos un ejemplo de una mayoría muy cómoda en la que la lista mayoritaria duplica en votos a la minoritaria pero no se pone de acuerdo en un nombre y lo vota en orden inverso. Si Hugo y Paco son de la misma tendencia pero una fracción de la lista mayoritaria decide dividir votos, incluso duplicando a la lista minoritaria de Luis, la lista mayoritaria pierde el segundo lugar frente a la lista extremadamente minoritaria (¡tiene la mitad de votos en el congreso que la lista mayoritaria!)

Resultados en una votación donde hay alineamiento:
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Gana el segundo lugar Hugo con 90 votos y el tercer lugar Paco con 90+5 votos frente a Luis que tiene 51 votos. En este caso solamente 5 despistados cortaron la plancha y no generaron ningún cambio.
Resultados si una fracción divide votos
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Gana el segundo lugar Luis con 51 votos y en tercer lugar gana hugo con 96 votos (46+50) frente a paco que obtiene 95 (50+45). En este caso la corriente de Hugo y Paco controla más de 90 votos de 140 del congreso y sin embargo pierde el mejor de los dos lugares frente a la lista de Luis que apenas tiene 51 de 140 delegados.

La interna del PS: Pa’ entrar en calor (Cap 1)

Esta columna pretende ser la primera de tres dedicadas al debate del cambio del sistema electoral del Partido Socialista de Uruguay (PS). Si sos de los que le siguen la pista al PS, el sentido de estas columnas es claro. Si no es el caso, te recomiendo seguir solamente si te interesan las cuestiones vinculadas a los sistemas electorales en general. En esta primera columna contaremos un poco cómo funciona la democracia interna del PS. En la segunda hablaremos de cómo llegamos hasta aquí y el principal problema del sistema electoral actual dada la cultura política del PS. En la tercera analizaremos virtudes y defectos de los sistemas electorales con un ojo puesto en las propuestas de cambio estatutario existentes.

¿Cómo es el sistema electoral actual del Partido Socialista?

Los afiliados y afiliadas al Partido Socialista con determinada antigüedad concurren cada cierto tiempo a asambleas de militantes (llamadas Congresos o Convenciones) donde cada participante tiene derecho a voto secreto. La democracia electoral interna del PS reposa fundamentalmente sobre la elección de afiliados en dos momentos claves: (i) en las elecciones de su dirección nacional (Comité Central) y direcciones departamentales, y (ii) en la conformación del orden de las listas que se presentan en las elecciones nacionales y departamentales.

En el primer tipo de votaciones, se eligen órganos colegiados por lo que no importa en términos generales el orden de prelación, sino quién obtiene la mayoría de esos órganos y por tanto quién obtiene la posibilidad de conducirlos. Sin embargo, en el caso de la conformación de las listas, es lógico pensar que no interesa tanto quién obtiene la mayoría sino quién queda en qué lugar. No es lo mismo votar a alguien para primer lugar en la lista de ediles, diputados o senadores que para tercero o quinto.

¿Cómo funciona esto actualmente?

Cuando el orden de lo que se vota no es relevante, existe una lista de candidatos y candidatas a integrar el órgano y la votación consiste en seleccionar de esa lista a aquellas personas que cada elector considera que debería integrarlo. Por ejemplo, en el Comité Central se pueden marcar en una hoja con una lista de candidatos que se distribuye, hasta el número máximo de integrantes del órgano. Debido a la existencia de cuota de representación de género, debe guardarse una proporción entre cantidad de hombres y mujeres votadas a cada órgano.

¿Cómo se cuentan los votos y quiénes quedan seleccionados? Fácilmente, se le computa un voto a cada candidato por cada votante que seleccionó su nombre en la hoja con la lista de candidatos que se repartió. Se ordenan las personas desde quien tuvo más votos a quien tuvo menos y los primeros candidatos (dependiendo el tamaño del órgano que se esté votando) son los integrantes del órgano.

A continuación presentamos una votación basada en un caso real (?) donde solamente tres personas votaron y hubo seis candidaturas. Se presentan las tres hojas de votación correspondientes a tres votantes anónimos y el resultado de la votación que surge de sumar los votos individuales de cada candidatura.

Hojas de votación de tres votantes y resultado final de la elección en caso donde no importa orden de resultado final.

Hojas de votación de tres votantes y resultado final de la elección en caso donde no importa orden de resultado final.

En este caso, solamente había espacio para Paco, Burbuja y Bellota en este ámbito de dirección del PS*. Paco obtuvo 3 votos, Burbuja y Bellota 2 cada una. Los otros tres candidatos obtuvieron un número menor de votos.

Cuando el orden de lo que se vota es relevante, la cuestión se pone un poco más interesante. Por ejemplo, en otra elección posterior, cuando estaban armando las listas, al “Votante 1” no le daba lo mismo Burbuja que Paco (a los que había marcado con una idéntica cruz en la elección anterior). En este caso, quería que Burbuja fuera la primera de la lista a diputados, Paco el segundo y Hugo el tercero.

En el caso de conformación de las listas, en el PS se permite numerar el voto de forma que se puede indicar a qué puesto se vota a cada persona que el elector vota en el Congreso o asamblea militante correspondiente. En este caso, se permite numerar desde el 1 hasta el número máximo de orden relevante.

¿Cómo se cuentan los votos y quiénes quedan seleccionados? Para indicar quién es primero, la cuenta es muy sencilla: quien tiene mayor cantidad de votos para ocupar el primer lugar será el primero de la lista. ¿Pero el segundo? Para saber quién queda en segundo lugar no tendría sentido ubicar en segundo lugar a quien tenga mayor cantidad de votos para ese lugar sin tomar en cuenta que hubo gente que lo votó también para primero. Se supone que si alguien vota a alguien para primero y este no obtiene ese lugar, ese voto también “vale” para segundo. Por tanto, el segundo lugar le corresponde a quien tiene más votos para el primer lugar y para el segundo (sin ser quien quedó seleccionado primero). ¿Y el tercero? Quien tuvo más votos para primero, segundo y tercero sin ser quien quedó ni primero ni segundo. ¿Y el cuarto? Con la misma lógica.

En el caso de la votación que comentábamos, resultó de la siguiente forma:

Hojas de votación de tres votantes y resultado final de la elección en caso donde sí importa orden de resultado final.

Hojas de votación de tres votantes y resultado final de la elección en caso donde sí importa orden de resultado final.

Si bien los tres votantes eligieron a las mismas personas que en la elección anterior, al introducir la numeración (algo así como la “intensidad” de la preferencia), cambia incluso el orden final de la votación. En este caso, Burbuja es quien tuvo más votos para ser primera (dos votos), luego Paco obtuvo tres votos para segundo (uno que tenía para primero pero que le suma porque no salió primero, y dos para segundo) y tercera Bellota (tiene dos votos para tercera y nadie suma más votos para uno, dos o tres sin ser los dos anteriores).

¿Entonces?

El PS utiliza criterios democráticos razonables a priori para conformar sus espacios de conducción y para la elaboración de sus listas. Esto sin lugar a dudas parece una gran fortaleza del partido más antiguo de la izquierda uruguaya. Sin embargo, como veremos en columnas siguientes, estos sistemas electorales que resultan razonables en sí mismos, generan algunos incentivos perversos en el marco de una cultura política de polarización interna. Pero eso es algo que veremos en la siguiente columna de la saga: Houston we have a problem.

* Afortunadamente Luis sigue militando activamente por el PS a pesar de no haber obtenido ningún voto en esa triste elección.

Falta y restos: ¿cómo funciona el sistema electoral el domingo?

¿Cómo se van a asignar las bancas este domingo?

Los sistemas electorales son generalmente complejos y suelen llevar a confusiones de todo tipo. En términos teóricos, un sistema con diez habitantes y diez representantes o bancas no tendría ningún problema: a cada votante le correspondería una banca. Sin embargo, la realidad implica que muchos electores definen un conjunto acotado de bancas, por lo que la tarea de asignar bancas de forma “representativa” de las preferencias de los electores se vuelve más compleja.

En el Uruguay, el padrón electoral es de aproximadamente 2,5 millones de electores, de los cuales terminan votando aproximadamente 2,3 y se asignan un total 99 bancas en diputados y 30 en senadores. ¿Cómo convertir votos en bancas? Una primera idea intuitiva sería asignar por porcentajes de votos y “redondear” en caso de que sea necesario. Si bien sería un sistema intuitivo, plantea ciertos dilemas como por ejemplo cómo ordenar los individuos de las listas ganadoras intercaladamente entre éstas (la primera banca claramente es del partido con mayor proporción de votos, ¿pero la segunda, la tercera, la cuarta..?)

En Uruguay se utiliza el método D’Hondt para asignar la bancas en el parlamento de manera proporcional. Operativamente, la idea es la siguiente. La primera banca le corresponde obviamente al partido que obtuvo mayor número de votos. Sin embargo, la segunda banca, le corresponde a quien tuvo mayor número de votos… pero por esa segunda banca. O sea, el partido que ya ganó una banca, no “juega” con todos sus votos, sino que juega con la mitad. La segunda banca la compiten todos los partidos contra los votos del partido que ganó la primera banca, divididos entre dos. La tercera banca es un poco más compleja de entender, pero la idea sigue siendo que la gana el partido que tiene mayor número de votos por esa tercera banca. Si por ejemplo, la segunda banca también la ganó el partido que ganó la primera, para ganar la tercera banca deberá ganarle a los restantes partidos dividiendo su voto entre tres. Para quien sea más ducho en matemática, se genera una matriz de cocientes entre el voto total de cada partido y los naturales desde uno hasta la última banca, y luego se van asignando todas las bancas de mayor a menor cociente hasta agotarlas. De ahí surge la idea de los “restos” que le van quedando a cada partido, que no son otra cosa que la cantidad de votos que disponen para pelear por una banca adicional.

Algunos mitos

Mito 1. Cuando voto en blanco termino favoreciendo al partido mayoritario

Los votos en blanco y anulados no cuentan para la asignación de bancas, lo que importa es la relación de votos entre cada uno de los partidos. Si los partidos tienen la misma cantidad de votos y el día de las elecciones llega un contingente de votantes todos dispuestos a votar en blanco, el resultado de la asignación de bancas entre partidos será idéntico.

Mito 2. Los partidos grandes “se chupan” los restos de los partidos chicos que no obtienen representación parlamentaria

Es una forma gráfica equivocada, si un partido chico no obtiene representación es porque otro partido tuvo más votos por la banca que aspira y por tanto se “merece” la banca frente al partido chico. Si un partido chico no tiene representación implica que no alcanzó a tener el porcentaje mínimo de votos para tener una banca. En las elecciones pasadas, por ejemplo, la cantidad de votos del Frente Amplio dividida entre 50 era mayor que la totalidad de votos que obtuvo Asamblea Popular y por eso esta última no tuvo representación parlamentaria.

Mito 3. Quien vota anulado favorece a que gane la postura “Sí” del plebiscito

La reforma constitucional por la vía presentada en esta ocasión debe obtener el número entero superior al 50% de los votos emitidos, sean estos válidos o no. Por tanto, es lo mismo votar en blanco que anulado, en ambos casos termina siendo un pronunciamiento que favorece a quienes no queremos modificar la Constitución (No a la baja).

Mito 4. Hay departamentos que los diputados cuestan muy pocos votos, como por ejemplo en Flores

Hay una confusión generalizada respecto a la forma en la que se asignan los diputados debido a que existen ciertos “cupos” por departamentos. La asignación de diputados entre partidos se realiza por el mismo sistema que senadores que es el sistema D’Hondt en una única circunscripción nacional. Lo que luego se ajusta es la distribución de dichos diputados de forma tal que exista una representación mínima por departamento. ¿Qué implica esto? Que se puede ser diputado en un departamento chico con pocos votos en ese departamento siempre y cuando se tenga suficientes votos a nivel nacional como para ganar esa banca. Por ejemplo, puedo ser diputado con pocos votos en Flores porque mi partido gana la banca a nivel nacional y cuando fuerzan la representación mínima por departamento soy el mejor parado ahí. Sin embargo, es probable que si existiera un partido que solamente compita en Flores, incluso aunque tenga casi todos los votos, no sería capaz de tener un diputado por sí mismo.

Mito 5. Hay un porcentaje mágico fijo que asegura la mayoría parlamentaria

Las asignaciones de bancas dependen de las relaciones de votos entre los partidos. Por tanto, para obtener la banca número 50 en diputados y la número 15 en senadores, compiten los restos de todos los partidos en simultáneo. Lo que es cierto es que el umbral del 50% de los votos emitidos alcanza automáticamente para obtener la mayoría parlamentaria además de la victoria en primera vuelta.

 

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