El experimento Novick

La creación del Partido de la Concertación y la competencia interna en el Frente Amplio sin lugar a dudas son las mayores novedades en la contienda electoral departamental en Montevideo en el mes de mayo. Sin embargo, no debe olvidarse una tercera novedad política de esta campaña: el intento de ingreso de un empresario sin divisa tradicional a la actividad política.

Al igual que Mauricio Macri en Argentina u Horacio Cartes en Paraguay en esta ocasión en Uruguay se presenta un candidato que viene exclusivamente del mundo empresarial e intentará hacer su desembarco en la política a partir de una campaña electoral bajo su financiamiento. A riesgo de que la realidad me desmienta, voy a argumentar que este camino debería ser infructuoso en base a dos preguntas que considero centrales para el elector uruguayo. Por tanto, creo que Novick debería obtener un nivel de votación muy bajo.

¿Quién es?

Según estimaciones realizada por Opción Consultores, solamente uno de cada tres montevideanos conocía a Novick en el mes de diciembre. En un país donde los liderazgos políticos llevan décadas para construirse, incluso en escenarios de herencia política como el caso de Lacalle o Sendic, en el marco de una campaña electoral muy corta, aunque se utilicen grandes cantidades de dinero en difusión, resulta poco probable que el gran electorado montevideano logre identificar al candidato en el espectro político. Cierto, el conocimiento de sus hijos en el mundo del fútbol lo ayuda.

¿De qué partido es?

Uruguay tiene una fuerte tradición partidaria donde a diferencia de otros países de América Latina, como por ejemplo Ecuador, la emergencia de liderazgos fuera de los partidos políticos no ha tenido cabida. Si bien la candidatura de Novick viene asociada a uno de los bloques tradicionales, queda fuera de su discurso la apelación a la identificación partidaria, elemento hasta ahora clave de la cultura política uruguaya.

Es una argumentación minimalista, pero en base a las respuestas a esas dos preguntas básicas, parece difícil que funcione en Uruguay la presentación de un candidato como “un empresario que se hizo a sí mismo que quiere ser intendente de Montevideo y se presenta con los blancos y colorados pero sin ser de ninguno de esos partidos”. Es verdad, a veces la realidad muestra rupturas en los comportamientos electorales del pasado… pero ese tipo de cosas en Uruguay, en términos generales, han llevado más que dos meses y medio de campaña electoral. Veremos.

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Vamos bien

Generalmente cuando se discute respecto al rumbo del país suelen aparecer los optimistas y los pesimistas. Y dentro de este último grupo, siempre aparecen los pesimistas de los pesimistas, aquellos que gustan de generalizar que todos portamos genéticamente dicha condición: ¡Los uruguayos siempre piensan que todo está mal! Muy bien, veamos.

Si a usted piensa que los datos de salario real, desempleo, jubilaciones, nuevos derechos, entre tantas otras mejoras objetivas y simbólicas; no alcanzan al pueblo uruguayo para sentir que se va mejorando, puede verse directamente qué piensan cuando se les pregunta acerca de la marcha de la economía. En el gráfico adjunto se muestra la evolución de las respuestas bien o muy bien a la siguiente pregunta: ¿cómo calificaría en general la situación económica actual del país? La conclusión es clara: a partir del año 2005 el país del más o menos ha venido perdiendo terreno frente a un país que se percibe bien o muy bien.

grafica 1

Pero además de observar lo que piensan los uruguayos, nos hemos tomado el trabajo de evaluar las opiniones entre aquellas personas que manifiestan simpatía por el partido blanco o colorado y… ¡Exacto! Tienen el mismo problema que los economistas que los representan en los medios de comunicación y que nos han venido deleitando con sus finos análisis respecto a la situación caótica de la economía uruguaya durante los últimos 9 años.

Si bien solamente contamos con datos hasta 2010 debido a la política de publicación de bases de datos de Latinobarómetro, los blancos y colorados son sistemáticamente más pesimistas respecto a la situación actual del país que el resto de sus compatriotas.

grafica 2Por último, en el segundo gráfico hemos incluido las respuestas respecto al futuro del país, pero no lo hemos hecho para todos los uruguayos, solamente hemos incluido a aquellos que tienen menos de 30 años de edad. Comentario al margen: si viviéramos en otro país diríamos directamente los jóvenes, pero en Uruguay esa categoría suele incluir personas de hasta 50 años de edad, fin del comentario. Los resultados también son contundentes a partir del año 2005 y hasta 2010 (último dato disponible). No se asuste, los registros para la totalidad de la población tienen igual tendencia.

En fin, obviamente existirán piedras en el zapato y dificultades varias en el camino, pero en estos años se ha batallado contra el país gris de no hace tanto, de la desesperanza, del aeropuerto y del no se puede. Los jóvenes nos hemos dado cuenta y los uruguayos en términos generales también. ¡Vamos de nuevo, que vamos bien!

¿En el fondo hay un descontento con la democracia? Desparejos, interesados y desmotivados

Muchos analistas han trabajado en estos días sobre la hipótesis de que la supuestamente baja participación electoral en las recientes elecciones internas fue una señal de descontento de los ciudadanos con el sistema político y los partidos en general. Discrepo. Creo que los datos así lo muestran y creo que se pueden plantear hipótesis explicativas alternativas.

Si la hipótesis de descontento creciente con la democracia y su funcionamiento fuera cierta deberían cumplirse al menos los siguientes extremos: (i) todos los partidos de forma generalizada deberían tener una participación baja (y cada vez más baja) de su electorado, y (ii) el interés ciudadano por la política debería mostrar una tendencia decreciente en el mediano plazo.

Desparejos

En el primer gráfico que se presenta a continuación se estima de forma gruesa qué proporción de la totalidad del electorado que se manifiesta dispuesto a votar a cada uno de los partidos en octubre efectivamente fue y los votó en la elección interna del día 1° de junio de 2014 (aquí detalles de los cálculos).¿Cómo se lee cada una de las barras de la gráfica? En la primera barra se muestra que un 26% de la totalidad de personas que estarían dispuestas a votar al Frente Amplio según la intención de voto por partidosrelevada por Equipos fue efectivamente a votar el 1° de junio. Por otro lado, en el Partido Nacional lo hizo aproximadamente el 56% de su electorado y en el Partido Colorado cerca del 33% del suyo.

De la lectura del gráfico se puede intuir que no estamos frente a un problema generalizado de la democracia y los partidos, sino de un problema que alcanza a dos de los tres principales partidos políticos (que agrupan cerca del 60% de la intención de voto total).

gente en la interna

Interesados

En segundo lugar, en el gráfico inferior se muestra la evolución del interés en la política de los uruguayos en perspectiva de mediano plazo y se puede apreciar que no muestra una tendencia particularmente decreciente ni para la población en general ni para los jóvenes (no se cuentan con datos disponibles para jóvenes a partir de 2011).

Como punto de comparación con nuestras internas pueden utilizarse las elecciones primarias abiertas realizadas en Chile en 2013 que contaron con una participación cercana al 22% del electorado o las recientes elecciones europeas con una participación cercana al 43% frente a aproximadamente 40% en las elecciones internas de partidos en Uruguay. Como figura en el informe 2013 de Latinobarómetro, Uruguay sigue estando en los primeros lugares de América Latina en cuanto al interés en la política.

Desmotivados

La disminución en la cantidad de votantes en la elección interna de 2014 respecto a 2009, que fue de aproximadamente 15%, parece explicarse fundamentalmente por la caída en la votación de los frenteamplistas y colorados que no lograron transmitir a sus votantes la motivación suficiente para que vayan a votar (ver igual gráfico para elecciones de 2009).

Una hipótesis razonable podría ser que los partidos con internas no competitivas o no suficientemente motivantes no logran atraer a sus votantes a las urnas más allá del interés extraordinario en la política de los ciudadanos uruguayos en el contexto regional y global. De todas formas, en el electorado frenteamplista se observa un interés menor en la participación en este tipo de instancias incluso en escenarios competitivos como el de 2009, lo cual resulta paradójico dado que según datos de Latinobarómetro los frenteamplistas manifiestan en general un interés mayor en la política (45% de los frenteamplistas frente a 29% de los blancos y colorados en 2013).

La contracara de esta hipótesis es que las campañas mediáticas más potentes articuladas territorialmente despertaron el entusiasmo de los votantes que sí marcaron las internas de los partidos: tanto en el caso de Lacalle Pou como Sendic y en menor medida Constanza sobre todo en Montevideo.

Se pueden sugerir muchas modificaciones al actual sistema electoral uruguayo, pero lo que es seguro es que las elecciones internas no funcionan… para los partidos que no plantean los incentivos adecuados.