Falta mucho pero falta menos

Prólogo del libro: “NOALABAJA. Un triunfo de la juventud uruguaya”

Recuerdo la primera vez que vi escrito sobre un muro de Montevideo la frase “Ser joven no es delito”. Todavía no era ni joven, pero la frase ya lucía desgastada en la pared del barrio. Es una afirmación que llega como un golpe en la cara: ¿por qué los jóvenes de un país sienten la necesidad de escribir algo así en un muro? ¿Sucedería en todos los países?

Pero este prólogo no trata de mis impresiones de una frase, sino sobre una batalla particular por los derechos de los y las jóvenes que marcó a una generación política entera. Uruguay es un país pequeño en población, de algo más de tres millones de habitantes que viven al sur del Sur. En el Uruguay contemporáneo somos aproximadamente 780 mil jóvenes de entre 14 y 29 años de edad, casi un 24% del total de la población del país. A diferencia de otros países de la región, el momento de “transición demográfica” donde la población joven es relativamente abundante y puede hablarse de la existencia de un “bono demográfico” ya es cosa del pasado.

Sin embargo, en ese mismo país envejecido, cuando todas las encuestas de opinión pública marcaban una opinión ampliamente favorable y transversal del electorado de todos los partidos políticos a favor de una propuesta de reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad penal a los 16 años, un puñado de jóvenes emprendieron un camino de resistencia que los llevó a derrotar dicha propuesta en las urnas en octubre de 2014.

Sin lugar a dudas uno de los factores fundamentales de dicha derrota fue la formación de la “Comisión Nacional No a la Baja”, que generó una campaña fresca, profesional, de fuertes contenidos y con una capacidad de tracción sobre el conjunto del Uruguay organizado como pocas veces se ha visto. Ninguna organización social que se haya tomado en serio la discusión de la temática se pronunció a favor de la reforma constitucional: juventudes de todos los partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, gremios estudiantiles, sindicatos, movimientos religiosos, asociaciones profesionales, entre muchos otros.

Volvamos a la frase del muro del barrio. De joven me encontré dos veces más con esas palabras tan simbólicas: la primera, cuando escuché la “marchita” de la organización política en la cual empecé a militar; y la otra, trabajando para el Instituto Nacional de la Juventud (INJU). Pero, ¿qué tiene que ver un instituto de la juventud con esto?

Como se plantea desde el INJU, los jóvenes históricamente han sido puestos “en el banquillo de los acusados”. Por sus ideas, por sus modas, por sus prácticas sexuales, por su relación con el uso de sustancias psicoactivas, por cuestiones vinculadas al delito, entre otras. Una institucionalidad en juventud en un país envejecido debe ser capaz de poner arriba de la mesa estas cuestiones de modo de batallar culturalmente por posicionar a los jóvenes como lo que son, sujetos de derechos, actores centrales en un proyecto político de desarrollo.

Acabamos de salir de una intensa batalla por quitar a los jóvenes del lugar del peligro y la criminalidad. Los organismos especializados en juventud no pueden nunca, bajo ninguna circunstancia, mirar hacia el costado en la promoción y defensa de los derechos humanos en toda su extensión. Si bien existe una amplia gama de actividades donde los jóvenes construyen y promueven ciudadanía, por ejemplo desde lo cultural, persisten aún ámbitos donde se dificulta su participación como actores protagónicos en los procesos de toma de decisiones de políticas.

Uruguay cuenta en la actualidad con un Plan de Acción de Juventudes 2015-2025 que tiene como objetivo oficiar de repertorio de políticas públicas destinadas a los jóvenes, construido participativamente desde una perspectiva de derechos. En este marco, se está trabajando para lograr una inclusión de los y las jóvenes, a través de la construcción y articulación de políticas públicas de calidad que se combinen con espacios de participación reales. Ahí se encuentra parte importante de los desafíos del Uruguay que viene.

A los y las adolescentes y jóvenes que dedicaron todo lo que tenían a su disposición y más para defender sus derechos, pueblo a pueblo, barrio a barrio y familia a familia, y lograron convencer a un país hasta hacerlo cambiar de opinión, nuestro más profundo reconocimiento. Falta mucho, pero falta menos.

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Turistas y hornos (editorial caganchera)

Aplausos y solamente aplausos para el Momia.

Contumancia

Como es de público conocimiento, un apartamento a la vuelta del Conrad cuesta un huevo de la cara. Quienes allí compran o alquilan pagan por el privilegio de ser reconocidos como privilegiados, y ese privilegio por el cual pagan, en cuanto propiedad privada, debe ser respetado. Quienes veranean en Punta, gustan de caminar por la rambla para distraerse, reconocerse, mostrar que pueden trasladarse sin el uso de sus lujosos vehículos o simplemente para marcar territorio, no orinando, como hacen los perros y los jóvenes a la salida de los boliches de La Pedrera, sino con su simple presencia.

Es indudable que el turismo, importantísima fuente de ingresos del país, se sustenta mayormente en esta zona de la costa esteña. Nadie duda que un viejo que viene a Punta del Este de vacaciones gasta más que un hippie brasilero que va a Valizas a buscar porro. Lo mismo con la generación…

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Turistas y Planchas: otra conversación posible (Nota La Diaria 15/01/15)

El sábado, en la sección de opinión del diario El País, se publicó una nota de Diego Fischer bajo el título “Turistas y planchas”. La columna, luego de describir con dudosas y no referenciadas cifras el valor económico de la rambla cercana al puerto de Punta del Este, plantea la existencia de ciertos problemas de convivencia entre algunos jóvenes locatarios y turistas que veranean en la costa. Aunque no queda clara la acusación de qué es lo que les hacen exactamente los jóvenes a los turistas, además de tener “miradas desafiantes”, se podría llegar a compartir que siempre es reprobable que existan situaciones de conflicto entre partes que están llamadas a compartir el espacio público que nos pertenece a todos. Sin embargo, a partir de ahí el columnista plantea algunos saltos conceptuales que se desatan tras la pregunta de un amigo finlandés: ¿Esto es consecuencia de la ley que legalizó la marihuana? La respuesta que le dio pudo ser otra:

“No, no es consecuencia de eso. Así como ves al Uruguay, moderno y pujante, hace muy poquitos años más de la mitad de los niños vivían en situación de pobreza. Si bien tenemos uno de los PIB per cápita más altos de América Latina, los niveles de desigualdad son superiores a los de cualquier país de tu continente, incluso los que considerás más desiguales. ¡Hasta hace poco tiempo ni siquiera había impuestos progresivos a la renta! Aunque no lo creas, incluso se opusieron a esto los partidos conservadores, algo impensable para los conservadores de Finlandia y sus países vecinos. La fractura social, que incluyó un abandono grande de las instituciones de provisión de bienestar durante décadas, estalló en 2002 y se hizo aún más visible. En estos años de crecimiento y distribución se ha comenzado a avanzar en la integración social, pero todavía tenemos niveles grandes de exclusión y diferencias sociales muy marcadas. En Uruguay sentimos orgullo y no vergüenza de que personas de distintas extracciones sociales compartan el espacio público. Efectivamente, a veces compartir ese espacio genera problemas, pero ¿sería justo restringir el acceso a ciertos lugares a personas que viven ahí todo el año? Lamentablemente, al igual que sucede en tu país (donde algunos finlandeses no reconocen como prójimo al inmigrante, porque lo consideran muy lejano culturalmente, y plantean institucionalizar su exclusión social), en Uruguay hay periodistas y columnistas que plantean lo mismo. Ah… y aprovechá a escuchar esa música que llaman cumbia, que es la que suena en todos los boliches de Punta”.

El triunfo de una generación (Nota El Correo Socialista)

Hace no mucho tiempo, el apoyo de la ciudadanía al proyecto de aplicación del código penal adulto a menores de edad presentado por Lacalle y Bordaberry contaba, según encuestas, con más de 65% de apoyo popular. Quizá el elemento sorpresa para la izquierda descansaba en el posicionamiento favorable a priori de electores de todos los partidos: los frenteamplistas marcaban porcentajes de apoyo superior a 50%. Sin embargo, el domingo 26 de octubre la propuesta fue derrotada de forma contundente en las urnas, al no alcanzar el umbral constitucional establecido de más de la mitad de los votos emitidos. ¿Por qué no salió la baja, si era un tema transversal a los partidos?
La respuesta requiere un nivel de investigación y análisis que supera ampliamente el alcance de una columna. De todas formas, cabe señalar que sin lugar a dudas uno de los factores fundamentales de la derrota fue la formación de la Comisión Nacional No a la Baja, que generó una campaña fresca, profesional, de fuertes contenidos y con una capacidad de tracción sobre el conjunto del Uruguay organizado como pocas veces se ha visto. Ninguna organización social que se haya tomado en serio la discusión de la temática se pronunció a favor de la reforma constitucional.
La Corte Electoral presenta la cantidad de papeletas contabilizadas por circuito, así como la cantidad de votos por circuito a cada partido. Con esa información es posible obtener una estimación fiable del voto por la baja asociado a cada partido, a partir de los microdatos de los más de 7.000 circuitos. Según nuestras estimaciones**, el porcentaje de papeletas del Sí por voto a cada partido grande fue: Frente Amplio 20%, Partido Nacional 74%, Partido Colorado 88%.
Ahora bien, también puede realizarse un análisis por edad utilizando información de la edad de los votantes de cada circuito. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se revelaron contra éste? Un primer acercamiento consiste en realizar una regresión en base a información de circuitos como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje del Sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (menores de 30), adultos (30-65) y adultos mayores (mayores de 65).
Los resultados de la regresión indican que los circuitos con votantes de mayor edad tuvieron mayores niveles de apoyo al plebiscito. Bajo algunos supuestos, se puede deducir que 42% de los jóvenes, 46% de los adultos y 56% de los adultos mayores incluyeron la papeleta del Sí. Una consideración apresurada de la regresión podría llevarnos a concluir que hay un corte etario que explica el resultado del plebiscito, pero un análisis más pormenorizado permite afinar y matizar esa conclusión debido a que el efecto de la edad casi se diluye cuando se ingresa el voto partidario como factor explicativo.
¿Esto implica que no hubo una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación No a la baja”? No, para nada. El concepto de “generación No a la baja” refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes***. Lo que sí parecen indicarnos los datos es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en la conducta electoral ante el plebiscito, o al menos que ese eventual sesgo no fue apartidario.
La batalla por el “No a la baja” fue la victoria de una generación que logró poner en funcionamiento el enorme aparato de construcción de sentido común de la izquierda y que, en un plazo extremadamente corto, efectivamente logró cambiar las opiniones de una enorme parte del electorado frenteamplista sin el cual esta propuesta no hubiera sido derrotada.

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*Economista y Politólogo.                                 Integrante x la JSU del CC PS90
** Todos los cálculos fueron realizados con Fernando Esponda y se encuentran disponibles en https://penillanura.wordpress.com
*** Agradezco el comentario de Ignacio Gómez que señaló que no queda suficiente resaltado el papel de los jóvenes de los partidos de la oposición que se plantaron frente a este tema y que creo también cumplieron un papel muy importante.

Movida joven; voto, no tanto (Nota publicada en La Diaria)

En un artículo anterior (ver http://ladiaria.com.uy/UGW) se analizó la relación entre los partidos políticos y el voto a favor de la baja de la edad de imputabilidad. Los datos por circuitos evidenciaban un claro vínculo entre el voto por Sí y el partidario: los votantes del Frente Amplio (FA), en su enorme mayoría, no apoyaron el plebiscito (solamente cerca de 20% puso la papeleta del Sí), mientras que sucedió lo inverso con los votantes de los partidos tradicionales (74% y 88% de votos con papeletas para los partidos Nacional y Colorado, respectivamente). En el caso del Partido Independiente (PI), la estimación arrojó una alta proporción de votos con papeletas del Sí, pero este resultado debe matizarse debido a la mayor varianza y el poco peso electoral del PI en cada circuito.

El objetivo de este artículo es realizar un análisis por edad. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se rebelaron contra éste? Dado que no se cuenta con información voto a voto (la Corte Electoral no informatiza esos registros), un primer acercamiento consiste en realizar una regresión en base a información de circuitos como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje del Sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (menores de 30), adultos (30-65) y adultos mayores (mayores de 65).

Los resultados de la regresión indican que los circuitos con votantes de mayor edad tuvieron mayores niveles de apoyo al plebiscito. Bajo algunos supuestos, se puede deducir que 42% de los jóvenes, 46% de los adultos y 56% de los adultos mayores incluyeron la papeleta del Sí.1 Una consideración apresurada de la regresión podría llevarnos a concluir que hay un corte etario que explica el resultado del plebiscito, pero un análisis más pormenorizado permite afinar y matizar esa conclusión.

En primer lugar, este perfil etario no parece demasiado alejado del promedio total de votos por Sí. Al representar la nube de puntos entre el porcentaje de apoyo al plebiscito y el porcentaje de votantes de cada tramo etario en cada circuito, a diferencia de lo que sucede cuando se representa por partido político, el resultado no sugiere relaciones claras entre las edades y los votos por el Sí.

La pregunta que surge a continuación es si la relación entre edades y adhesión al plebiscito no está mediada en realidad por otra variable (por ejemplo, que los jóvenes votaron en forma mayoritaria al FA). Para saber cuál es la variable preponderante, se puede realizar una regresión con ambos tipos de variables (partidarias y por edades).2 Este análisis nos plantea dos elementos; el primero, que la combinación de ambos argumentos aporta información, pero no mucha más que la que se obtiene del análisis utilizando únicamente el voto a partidos. En segundo lugar, da una idea del bajo poder explicativo de las edades. Mientras que la diferencia en el porcentaje de adhesión al plebiscito entre un votante del FA y uno del Partido Nacional es importante (55%), la diferencia entre un votante joven y uno viejo del mismo partido es, en promedio, menos de 2%.

¿Esto implica que no hubo una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación no a la baja”? No, para nada. El concepto de “generación no a la baja” refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes. Lo que sí parecen indicarnos los datos es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en la conducta electoral ante el plebiscito, o al menos que ese eventual sesgo no fue apartidario.


  1. El artículo metodológico está disponible en el blog penillanura.wordpress.com. Las estimaciones se obtuvieron bajo el supuesto de constancia de Goodman. Más allá de la incertidumbre sobre los valores exactos, la diferencia de apoyo al plebiscito por edades es robusta con diferentes especificaciones y agrupaciones de cohortes.
  2. Nuevamente, se realiza el análisis como si los coeficientes de los circuitos en forma agregada representaran coeficientes individuales.

Movida joven, votos no tanto. Fundamentación de la nota de La Diaria

En anteriores artículos se analizó la relación entre los partidos políticos y el voto a favor de la baja de la edad de imputabilidad. Los datos evidenciaban que el vínculo entre el voto al “Sí” y el voto partidario tenía una clara relación: los votantes del Frente Amplio en su enorme mayoría no apoyaron el plebiscito (solamente cerca del 20% pusieron la papeleta del ”Sí”), mientras que los votantes de los partidos tradicionales apoyaron la propuesta (74% y 88% de votos con papeletas para el Partido Nacional y el Partido Colorado respectivamente[1]). Más allá de los eventuales problemas de dichas estimaciones derivados de la llamada falacia ecológica[2][3], si se observan las nubes de puntos (que muestran el porcentaje de votos al plebiscito y el porcentaje de votos a cada partido) se intuye claramente una relación inversa con el Frente Amplio y positiva con respecto a los partidos tradicionales.

Nubes de puntos entre porcentaje de voto al Sí y porcentaje de voto a los principales partidos

El objetivo del presente artículo es realizar un análisis por edad. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se revelaron en contra del mismo?

Un primer acercamiento consiste en realizar una regresión como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje de sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (18-30), adultos (30-65) y viejos (65 y más)[4].

Regresión de porcentaje al Sí con jóvenes, adultos y adultos mayores como variables explicativas

Regresión de porcentaje al Sí con jóvenes, adultos y adultos mayores como variables explicativas

La regresión indica, por ejemplo, que si dos circuitos son similares en cuanto a sus distribuciones etarias, pero uno tiene un 1% más de viejos que de jóvenes, entonces lo más probable es que tenga un poco más de apoyo en el plebiscito. Si asumimos el supuesto de constancia[5], el 42% de los jóvenes, el 46% de los adultos y el 56% de los viejos apoyaron el plebiscito.

La regresión parece indicar una relación del voto al “Sí” proporcional con la edad: en los circuitos con mayor porcentaje de votantes viejos, habría un mayor porcentaje de votantes para el sí a la baja. El análisis de la regresión de forma apresurada podría llevarnos a concluir, rápidamente, que hay un corte etario en el plebiscito: cuánto más edad, mayor asociación con la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Sin embargo, un análisis más fino permite afinar esta conclusión.

En primer lugar, este perfil etario no parece demasiado alejado del promedio total de votos al “Sí”. Resulta interesante observar la nube de puntos entre el porcentaje de votos al “Sí” y el porcentaje de votantes de cada tramo etario en cada circuito.

Nube de puntos de porcentaje de voto al Sí respecto a tramos etarios seleccionados

Nube de puntos de porcentaje de voto al Sí respecto a tramos etarios seleccionados

Las nubes de puntos no sugieren relaciones claras entre las edades y los porcentajes de adhesión al plebiscito.

A su vez, si se realiza la regresión anterior con constante y omitiendo una variable para evitar problemas de multicolinealidad, nos encontramos con un R2 (medida de bondad de ajuste de la regresión acotada entre 0 y 1) bastante más bajo (0.135) que el que encontrábamos cuando se analizaba la regresión de adhesión al plebiscito contra los partidos políticos (0.743). Es decir, la potencia explicativa del modelo con edades es menor al del modelo con partidos.

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante, partidos y tramos de edad seleccionados (adultos mayores y partidos chicos omitidas para evitar colinealidad)

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante, partidos y tramos de edad seleccionados (adultos mayores y partidos chicos omitidas para evitar colinealidad)

La pregunta que surge a continuación es si la relación entre edades y adhesión al plebiscito no es una relación que, en realidad, este mediada por otra variable. Alguien podría argumentar que no es que los jóvenes hayan votado en menor medida al plebiscito per se, sino porque los jóvenes votaron mayoritariamente al Frente Amplio, y en tanto votantes del Frente Amplio votaron menos al sí a la baja. O lo contrario: no es que los frenteamplistas votaron en menor medida al plebiscito per se, sino porque como son jóvenes, entonces por dicha condición no votaron al plebiscito.

Para saber cuál es la variable preponderante, la que realmente explica el comportamiento de votar o no el sí a la baja, se puede realizar una regresión con ambos tipos de variables (partidarias y por edades) [6]:

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante y tramos de edad seleccionados (adultos mayores omitida para evitar colinealidad)

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante y tramos de edad seleccionados (adultos mayores omitida para evitar colinealidad)

Para correr la regresión se eliminan dos variables (porcentaje de votos a partidos chicos y porcentaje de votos de viejos) para evitar problemas de multicolinealidad. La regresión nos plantea dos elementos. El primero, que el R2 es mayor que el de las anteriores regresiones, pero no mucho mayor que el de la regresión que sólo tiene a los partidos.

En segundo lugar, nos da una idea del bajo poder explicativo de las edades. Mientras que la diferencia en el porcentaje de adhesión al plebiscito entre un votante del Frente Amplio y uno del Partido Nacional es importante (de 55%), la diferencia entre un votante joven y uno adulto es casi nula (0%), o entre un votante joven y uno viejo menor al 2% (1,58%).

En síntesis, si quiero apostar si una persona votó o no votó el sí a la baja, y me ofrecen dos opciones, o decirme su edad o decirme a qué partido político votó, voy a preferir ampliamente que me digan a qué partido político votó.

Por poner un extremo, si bien hay una cierta relación entre las edades de las personas y su adhesión al plebiscito, es mucho más probable que un joven colorado –o blanco– haya votado el “Sí”, que lo haya hecho un viejo frenteamplista.

¿Esto implica que no existe una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación no a la baja”? No, para nada. La generación no a la baja refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes. Lo que sí parecen indicarnos los datos, es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en el voto al plebiscito, o al menos que no fue un sesgo apartidario.

Fernando Esponda y Santiago Soto

[1] En el caso del Partido Independiente la estimación puntual arrojaba una alta proporción de votos con papeletas del “Sí”. Sin embargo, este resultado debe matizarse debido a la mayor varianza de la estimación y el poco peso electoral del Partido Independiente en cada circuito.

[2] La falacia ecológica consiste en sacar conclusiones de actos individuales (por ejemplo, que el 20% de los votantes del Frente Amplio votaron el Sí a la Baja) a partir de datos agregados. Recordemos que la base de datos que se tiene a disposición es el porcentaje de votos por circuito, y no los votos de cada uno de los individuos. Por este motivo, se deben tener cierta cautela en las inferencias realizadas con regresiones por mínimos cuadrados ordinarios. Agradecemos a @CasandraOrejana por señalar el problema específico de falacia ecológica en este tipo de estudios, así como la bibliografía de King de referencia.

[3] Las estimaciones en relación al porcentaje del Frente Amplio que votó al Sí con diferentes metodologías coinciden en que el porcentaje es cercano al 20%.

[4] Los resultados no varían sensiblemente si se agrupan cohortes de edades de distinta forma.

[5] Ver Goodman

[6] Nuevamente, se realiza el análisis como si los coeficientes representaran los coeficientes individuales, a pesar de ser coeficientes de los circuitos en forma agregada.

Anexo

Predicción Vs voto al sí (modelo con edades)

Predicción Vs voto al sí (modelo con edades)

Histograma de residuos (modelo con edades)

Histograma de residuos (modelo con edades)

¿Cuántos votantes de cada partido apoyaron el Sí a la baja?

Según las estimaciones que realizamos con base en datos de la Corte Electoral, los votantes colorados, los blancos, los independientes y pocos frenteamplistas… pero dejemos los números de votación a la baja por partido político para el final.

Hace no mucho tiempo, el apoyo de la ciudadanía al proyecto de aplicación del código penal adulto a menores de edad presentado por Lacalle y Bordaberry contaba, según encuestas, con más de 65% de apoyo popular. Quizás el elemento sorpresa para la izquierda descansaba en el posicionamiento favorable a priori de electores de todos los partidos: los frenteamplistas marcaban porcentajes de apoyo superior a 50%. Sin embargo, el domingo 26 de octubre la propuesta fue derrotada de forma contundente en las urnas, al no alcanzar el umbral constitucional establecido de más de la mitad de los votos emitidos. ¿Por qué no salió la baja, si era un tema transversal a los partidos?

La respuesta requiere un nivel de investigación y análisis que supera ampliamente el alcance de una columna. De todas formas, cabe señalar que sin lugar a dudas uno de los factores fundamentales de la derrota fue la formación de la Comisión Nacional No a la Baja, que generó una campaña fresca, profesional, de fuertes contenidos y con una capacidad de tracción sobre el conjunto del Uruguay organizado como pocas veces se ha visto. Ninguna organización social que se haya tomado en serio la discusión de la temática se pronunció a favor de la reforma constitucional.

Volvamos al 26 de octubre. Cuando las mesas electorales realizan el escrutinio no tienen instrucciones de la Corte Electoral para registrar simultáneamente a qué partido fue dirigido un voto y si incluye o no la papeleta del Sí***. Por lo tanto, el dato para saber exactamente cuántos votos de cada partido fueron acompañados por esa papeleta no puede obtenerse directamente. Sin embargo, la Corte Electoral sí presenta la cantidad de papeletas contabilizadas por circuito, así como la cantidad de votos por circuito a cada partido. Con esa información es posible obtener una estimación fiable del voto por la baja asociado a cada partido, a partir de los microdatos de los más de 7.000 circuitos.** Según nuestras estimaciones, fue (en orden de votación para las elecciones nacionales): Frente Amplio 20%, Partido Nacional 74%, Partido Colorado 88%, Partido Independiente 79%, restantes partidos 34%.

Con estos datos a la vista, cabe revisitar la pregunta ¿por qué no salió la bajCapturaa? Y la respuesta es clara: porque los votantes frenteamplistas cambiaron de opinión. ¿Por qué cambiaron de opinión? Ésa es una pregunta más compleja. Como ya mencionamos, existió una excelente campaña plural del Uruguay organizado. Pero la mano invisible del aparato de construcción de sentido común de izquierda alcanzó más a los votantes frenteamplistas que a los otros. Parece razonable afirmar que en la politización del tema estuvo la clave de la victoria del No a la Baja. Como en otros casos (por ejemplo, el de la regulación del cannabis), el eje izquierda-derecha y en particular el factor Frente Amplio parecen ser decisivos para entender cómo se moldean las preferencias de los ciudadanos en temáticas específicas en el Uruguay contemporáneo.

*** Si bien las mesas utilizan una planilla auxiliar “voto a voto” a efectos del conteo, los más de 2.200.000 registros no se digitalizan o al menos el autor de este artículo no tiene acceso a los mismos.

**Cálculos y explicación disponibles aquí

*Agradezco a Fernando Esponda por los comentarios al artículo y la contribución para superar los problemas de multicolinealidad de las