Falta mucho pero falta menos

Prólogo del libro: “NOALABAJA. Un triunfo de la juventud uruguaya”

Recuerdo la primera vez que vi escrito sobre un muro de Montevideo la frase “Ser joven no es delito”. Todavía no era ni joven, pero la frase ya lucía desgastada en la pared del barrio. Es una afirmación que llega como un golpe en la cara: ¿por qué los jóvenes de un país sienten la necesidad de escribir algo así en un muro? ¿Sucedería en todos los países?

Pero este prólogo no trata de mis impresiones de una frase, sino sobre una batalla particular por los derechos de los y las jóvenes que marcó a una generación política entera. Uruguay es un país pequeño en población, de algo más de tres millones de habitantes que viven al sur del Sur. En el Uruguay contemporáneo somos aproximadamente 780 mil jóvenes de entre 14 y 29 años de edad, casi un 24% del total de la población del país. A diferencia de otros países de la región, el momento de “transición demográfica” donde la población joven es relativamente abundante y puede hablarse de la existencia de un “bono demográfico” ya es cosa del pasado.

Sin embargo, en ese mismo país envejecido, cuando todas las encuestas de opinión pública marcaban una opinión ampliamente favorable y transversal del electorado de todos los partidos políticos a favor de una propuesta de reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad penal a los 16 años, un puñado de jóvenes emprendieron un camino de resistencia que los llevó a derrotar dicha propuesta en las urnas en octubre de 2014.

Sin lugar a dudas uno de los factores fundamentales de dicha derrota fue la formación de la “Comisión Nacional No a la Baja”, que generó una campaña fresca, profesional, de fuertes contenidos y con una capacidad de tracción sobre el conjunto del Uruguay organizado como pocas veces se ha visto. Ninguna organización social que se haya tomado en serio la discusión de la temática se pronunció a favor de la reforma constitucional: juventudes de todos los partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, gremios estudiantiles, sindicatos, movimientos religiosos, asociaciones profesionales, entre muchos otros.

Volvamos a la frase del muro del barrio. De joven me encontré dos veces más con esas palabras tan simbólicas: la primera, cuando escuché la “marchita” de la organización política en la cual empecé a militar; y la otra, trabajando para el Instituto Nacional de la Juventud (INJU). Pero, ¿qué tiene que ver un instituto de la juventud con esto?

Como se plantea desde el INJU, los jóvenes históricamente han sido puestos “en el banquillo de los acusados”. Por sus ideas, por sus modas, por sus prácticas sexuales, por su relación con el uso de sustancias psicoactivas, por cuestiones vinculadas al delito, entre otras. Una institucionalidad en juventud en un país envejecido debe ser capaz de poner arriba de la mesa estas cuestiones de modo de batallar culturalmente por posicionar a los jóvenes como lo que son, sujetos de derechos, actores centrales en un proyecto político de desarrollo.

Acabamos de salir de una intensa batalla por quitar a los jóvenes del lugar del peligro y la criminalidad. Los organismos especializados en juventud no pueden nunca, bajo ninguna circunstancia, mirar hacia el costado en la promoción y defensa de los derechos humanos en toda su extensión. Si bien existe una amplia gama de actividades donde los jóvenes construyen y promueven ciudadanía, por ejemplo desde lo cultural, persisten aún ámbitos donde se dificulta su participación como actores protagónicos en los procesos de toma de decisiones de políticas.

Uruguay cuenta en la actualidad con un Plan de Acción de Juventudes 2015-2025 que tiene como objetivo oficiar de repertorio de políticas públicas destinadas a los jóvenes, construido participativamente desde una perspectiva de derechos. En este marco, se está trabajando para lograr una inclusión de los y las jóvenes, a través de la construcción y articulación de políticas públicas de calidad que se combinen con espacios de participación reales. Ahí se encuentra parte importante de los desafíos del Uruguay que viene.

A los y las adolescentes y jóvenes que dedicaron todo lo que tenían a su disposición y más para defender sus derechos, pueblo a pueblo, barrio a barrio y familia a familia, y lograron convencer a un país hasta hacerlo cambiar de opinión, nuestro más profundo reconocimiento. Falta mucho, pero falta menos.

Montevideo: línea de base*

El 10 de mayo se realizarán las cuartas elecciones departamentales separadas de las elecciones nacionales y las segundas elecciones municipales de la historia de Uruguay. La mayor novedad de estas elecciones, por su trascendencia nacional, se presenta sin lugar a dudas por el lado de las estrategias políticas adoptadas por los partidos mayoritarios del sistema en Montevideo: la creación del Partido de la Concertación y la habilitación de candidaturas múltiples dentro del Frente Amplio (FA).

¿Cuál es la “línea base” de esta elección? El Voto al FA en Montevideo en octubre de 2014 fue de aproximadamente 55% de los votos obtenidos por todos los partidos. El lema FA obtuvo aproximadamente 485 mil votos. A su vez, el Partido Nacional obtuvo 234 mil votos, el Partido Colorado 97 mil, el Partido Independiente 37 mil y los restantes partidos 25 mil votos.

Si bien los resultados electorales de octubre representan una fuente muy importante de información, resulta interesante observar la evolución del electorado montevideano en las últimas elecciones departamentales. En el gráfico que se presenta a continuación puede observarse dicha evolución en términos de cantidad absoluta de votos.

Votación absoluta elecciones Departamentales de Montevideo (2010 incluye blanco parcial)

Votación absoluta elecciones Departamentales de Montevideo (2010 incluye blanco parcial)

Del gráfico pueden desprenderse tres observaciones genéricas: (i) 1994 fue la última elección en la que el FA no superó la suma del Partido Nacional y el Partido Colorado, (ii) el FA comienza la serie con 400 mil votos, sube a cerca de 500 mil durante 2000 y 2005, para luego volver al nivel de 1994 en el año 2010 (perdiendo casi 100 mil votos de una elección a la otra), y (iii) existe una clara anomalía en la serie asociada al salto ocurrido en el voto en blanco y anulado en las elecciones del año 2010.

A la luz de estos datos, la ampliación de las opciones electorales dentro del FA para captar electores perdidos a nivel departamental, así como la creación del Partido de la Concertación para hacer competitiva la oferta opositora mediante la acumulación de votos entre los partidos de la oposición parecen estrategias más que razonables. El aumento considerable de los votos en blanco y anulados en el año 2010 puede interpretarse como una clara señal del electorado al partido mayoritario, pero más aún como una señal para la oposición que no logró mostrarse como alternativa electoral.

Para esta próxima elección de mayo en Montevideo, dada la elección competitiva dentro del FA y el amplio desconocimiento de los candidatos de la Concertación por parte del electorado, se puede apostar más que una hamburguesa, con bajo riesgo, a que el FA volverá a la barrera de los 500 mil votos. Este aluvión de votos también podría modificar el mapa interno frenteamplista… Pero eso queda para otra columna.

*Agradezco a Fernando Esponda quien recopiló los datos electorales.

Movida joven; voto, no tanto (Nota publicada en La Diaria)

En un artículo anterior (ver http://ladiaria.com.uy/UGW) se analizó la relación entre los partidos políticos y el voto a favor de la baja de la edad de imputabilidad. Los datos por circuitos evidenciaban un claro vínculo entre el voto por Sí y el partidario: los votantes del Frente Amplio (FA), en su enorme mayoría, no apoyaron el plebiscito (solamente cerca de 20% puso la papeleta del Sí), mientras que sucedió lo inverso con los votantes de los partidos tradicionales (74% y 88% de votos con papeletas para los partidos Nacional y Colorado, respectivamente). En el caso del Partido Independiente (PI), la estimación arrojó una alta proporción de votos con papeletas del Sí, pero este resultado debe matizarse debido a la mayor varianza y el poco peso electoral del PI en cada circuito.

El objetivo de este artículo es realizar un análisis por edad. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se rebelaron contra éste? Dado que no se cuenta con información voto a voto (la Corte Electoral no informatiza esos registros), un primer acercamiento consiste en realizar una regresión en base a información de circuitos como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje del Sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (menores de 30), adultos (30-65) y adultos mayores (mayores de 65).

Los resultados de la regresión indican que los circuitos con votantes de mayor edad tuvieron mayores niveles de apoyo al plebiscito. Bajo algunos supuestos, se puede deducir que 42% de los jóvenes, 46% de los adultos y 56% de los adultos mayores incluyeron la papeleta del Sí.1 Una consideración apresurada de la regresión podría llevarnos a concluir que hay un corte etario que explica el resultado del plebiscito, pero un análisis más pormenorizado permite afinar y matizar esa conclusión.

En primer lugar, este perfil etario no parece demasiado alejado del promedio total de votos por Sí. Al representar la nube de puntos entre el porcentaje de apoyo al plebiscito y el porcentaje de votantes de cada tramo etario en cada circuito, a diferencia de lo que sucede cuando se representa por partido político, el resultado no sugiere relaciones claras entre las edades y los votos por el Sí.

La pregunta que surge a continuación es si la relación entre edades y adhesión al plebiscito no está mediada en realidad por otra variable (por ejemplo, que los jóvenes votaron en forma mayoritaria al FA). Para saber cuál es la variable preponderante, se puede realizar una regresión con ambos tipos de variables (partidarias y por edades).2 Este análisis nos plantea dos elementos; el primero, que la combinación de ambos argumentos aporta información, pero no mucha más que la que se obtiene del análisis utilizando únicamente el voto a partidos. En segundo lugar, da una idea del bajo poder explicativo de las edades. Mientras que la diferencia en el porcentaje de adhesión al plebiscito entre un votante del FA y uno del Partido Nacional es importante (55%), la diferencia entre un votante joven y uno viejo del mismo partido es, en promedio, menos de 2%.

¿Esto implica que no hubo una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación no a la baja”? No, para nada. El concepto de “generación no a la baja” refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes. Lo que sí parecen indicarnos los datos es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en la conducta electoral ante el plebiscito, o al menos que ese eventual sesgo no fue apartidario.


  1. El artículo metodológico está disponible en el blog penillanura.wordpress.com. Las estimaciones se obtuvieron bajo el supuesto de constancia de Goodman. Más allá de la incertidumbre sobre los valores exactos, la diferencia de apoyo al plebiscito por edades es robusta con diferentes especificaciones y agrupaciones de cohortes.
  2. Nuevamente, se realiza el análisis como si los coeficientes de los circuitos en forma agregada representaran coeficientes individuales.

Movida joven, votos no tanto. Fundamentación de la nota de La Diaria

En anteriores artículos se analizó la relación entre los partidos políticos y el voto a favor de la baja de la edad de imputabilidad. Los datos evidenciaban que el vínculo entre el voto al “Sí” y el voto partidario tenía una clara relación: los votantes del Frente Amplio en su enorme mayoría no apoyaron el plebiscito (solamente cerca del 20% pusieron la papeleta del ”Sí”), mientras que los votantes de los partidos tradicionales apoyaron la propuesta (74% y 88% de votos con papeletas para el Partido Nacional y el Partido Colorado respectivamente[1]). Más allá de los eventuales problemas de dichas estimaciones derivados de la llamada falacia ecológica[2][3], si se observan las nubes de puntos (que muestran el porcentaje de votos al plebiscito y el porcentaje de votos a cada partido) se intuye claramente una relación inversa con el Frente Amplio y positiva con respecto a los partidos tradicionales.

Nubes de puntos entre porcentaje de voto al Sí y porcentaje de voto a los principales partidos

El objetivo del presente artículo es realizar un análisis por edad. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se revelaron en contra del mismo?

Un primer acercamiento consiste en realizar una regresión como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje de sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (18-30), adultos (30-65) y viejos (65 y más)[4].

Regresión de porcentaje al Sí con jóvenes, adultos y adultos mayores como variables explicativas

Regresión de porcentaje al Sí con jóvenes, adultos y adultos mayores como variables explicativas

La regresión indica, por ejemplo, que si dos circuitos son similares en cuanto a sus distribuciones etarias, pero uno tiene un 1% más de viejos que de jóvenes, entonces lo más probable es que tenga un poco más de apoyo en el plebiscito. Si asumimos el supuesto de constancia[5], el 42% de los jóvenes, el 46% de los adultos y el 56% de los viejos apoyaron el plebiscito.

La regresión parece indicar una relación del voto al “Sí” proporcional con la edad: en los circuitos con mayor porcentaje de votantes viejos, habría un mayor porcentaje de votantes para el sí a la baja. El análisis de la regresión de forma apresurada podría llevarnos a concluir, rápidamente, que hay un corte etario en el plebiscito: cuánto más edad, mayor asociación con la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Sin embargo, un análisis más fino permite afinar esta conclusión.

En primer lugar, este perfil etario no parece demasiado alejado del promedio total de votos al “Sí”. Resulta interesante observar la nube de puntos entre el porcentaje de votos al “Sí” y el porcentaje de votantes de cada tramo etario en cada circuito.

Nube de puntos de porcentaje de voto al Sí respecto a tramos etarios seleccionados

Nube de puntos de porcentaje de voto al Sí respecto a tramos etarios seleccionados

Las nubes de puntos no sugieren relaciones claras entre las edades y los porcentajes de adhesión al plebiscito.

A su vez, si se realiza la regresión anterior con constante y omitiendo una variable para evitar problemas de multicolinealidad, nos encontramos con un R2 (medida de bondad de ajuste de la regresión acotada entre 0 y 1) bastante más bajo (0.135) que el que encontrábamos cuando se analizaba la regresión de adhesión al plebiscito contra los partidos políticos (0.743). Es decir, la potencia explicativa del modelo con edades es menor al del modelo con partidos.

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante, partidos y tramos de edad seleccionados (adultos mayores y partidos chicos omitidas para evitar colinealidad)

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante, partidos y tramos de edad seleccionados (adultos mayores y partidos chicos omitidas para evitar colinealidad)

La pregunta que surge a continuación es si la relación entre edades y adhesión al plebiscito no es una relación que, en realidad, este mediada por otra variable. Alguien podría argumentar que no es que los jóvenes hayan votado en menor medida al plebiscito per se, sino porque los jóvenes votaron mayoritariamente al Frente Amplio, y en tanto votantes del Frente Amplio votaron menos al sí a la baja. O lo contrario: no es que los frenteamplistas votaron en menor medida al plebiscito per se, sino porque como son jóvenes, entonces por dicha condición no votaron al plebiscito.

Para saber cuál es la variable preponderante, la que realmente explica el comportamiento de votar o no el sí a la baja, se puede realizar una regresión con ambos tipos de variables (partidarias y por edades) [6]:

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante y tramos de edad seleccionados (adultos mayores omitida para evitar colinealidad)

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante y tramos de edad seleccionados (adultos mayores omitida para evitar colinealidad)

Para correr la regresión se eliminan dos variables (porcentaje de votos a partidos chicos y porcentaje de votos de viejos) para evitar problemas de multicolinealidad. La regresión nos plantea dos elementos. El primero, que el R2 es mayor que el de las anteriores regresiones, pero no mucho mayor que el de la regresión que sólo tiene a los partidos.

En segundo lugar, nos da una idea del bajo poder explicativo de las edades. Mientras que la diferencia en el porcentaje de adhesión al plebiscito entre un votante del Frente Amplio y uno del Partido Nacional es importante (de 55%), la diferencia entre un votante joven y uno adulto es casi nula (0%), o entre un votante joven y uno viejo menor al 2% (1,58%).

En síntesis, si quiero apostar si una persona votó o no votó el sí a la baja, y me ofrecen dos opciones, o decirme su edad o decirme a qué partido político votó, voy a preferir ampliamente que me digan a qué partido político votó.

Por poner un extremo, si bien hay una cierta relación entre las edades de las personas y su adhesión al plebiscito, es mucho más probable que un joven colorado –o blanco– haya votado el “Sí”, que lo haya hecho un viejo frenteamplista.

¿Esto implica que no existe una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación no a la baja”? No, para nada. La generación no a la baja refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes. Lo que sí parecen indicarnos los datos, es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en el voto al plebiscito, o al menos que no fue un sesgo apartidario.

Fernando Esponda y Santiago Soto

[1] En el caso del Partido Independiente la estimación puntual arrojaba una alta proporción de votos con papeletas del “Sí”. Sin embargo, este resultado debe matizarse debido a la mayor varianza de la estimación y el poco peso electoral del Partido Independiente en cada circuito.

[2] La falacia ecológica consiste en sacar conclusiones de actos individuales (por ejemplo, que el 20% de los votantes del Frente Amplio votaron el Sí a la Baja) a partir de datos agregados. Recordemos que la base de datos que se tiene a disposición es el porcentaje de votos por circuito, y no los votos de cada uno de los individuos. Por este motivo, se deben tener cierta cautela en las inferencias realizadas con regresiones por mínimos cuadrados ordinarios. Agradecemos a @CasandraOrejana por señalar el problema específico de falacia ecológica en este tipo de estudios, así como la bibliografía de King de referencia.

[3] Las estimaciones en relación al porcentaje del Frente Amplio que votó al Sí con diferentes metodologías coinciden en que el porcentaje es cercano al 20%.

[4] Los resultados no varían sensiblemente si se agrupan cohortes de edades de distinta forma.

[5] Ver Goodman

[6] Nuevamente, se realiza el análisis como si los coeficientes representaran los coeficientes individuales, a pesar de ser coeficientes de los circuitos en forma agregada.

Anexo

Predicción Vs voto al sí (modelo con edades)

Predicción Vs voto al sí (modelo con edades)

Histograma de residuos (modelo con edades)

Histograma de residuos (modelo con edades)

Ahí están ellos son: cambios en el voto al FA en el territorio octubre 2009 Vs. octubre 2014

Primero lo primero. Con los mapas a la vista, dos mensajes sobre el leve avance de aproximadamente 30 mil votos del Frente Amplio (FA) entre octubre de 2009 y octubre de 2014: (i) la ganancia de votos al FA en el interior no parece un fenómeno que responda únicamente a características particulares de algunos territorios sino que luce como un fenómeno general, y (ii) el FA pierde algunos votos en series electorales vinculadas a los centros urbanos del sur del país (casco céntrico de Montevideo, ciudad de Canelones y centro de Maldonado).

Uruguay

Mapa de ganancias y pérdidas electorales del FA (máximo verde 250, máximo rojo -250)

Según datos de la Corte Electoral, el FA obtuvo cerca de 29 mil votos más que en octubre de 2009 (1.134.187 Tabaré-Sendic Vs 1.105.262 Mujica-Astori). En los mapas que se presentan a continuación* se puede ver la diferencia absoluta de votos entre octubre de 2009 y octubre de 2014. En el primer mapa, que considera la totalidad del territorio nacional, se representa en una escala que va de rojo a verde las pérdidas y ganancias de votos respectivamente. La mayor intensidad se obtiene con diferencias de votos de aproximadamente 250 ciudadanos. Como puede observarse, la ganancia de votos el FA en el interior del país fue generalizada. En el mapa se observa que priman leves ganancias y algunas ganancias relativamente fuertes en los departamentos fuera del centro geográfico del país, así como algunas pérdidas en series electorales de la zona metropolitana y Maldonado.

Montevideo

Mapa de ganancias y pérdidas electorales del FA (máximo verde aprox. 2.500, máximo rojo -2.500)

Por otro lado, en el segundo mapa se muestra Montevideo y la zona metropolitana pintada con los mismos colores pero una escala de mayor amplitud debido a la mayor concentración de ciudadanos. En este caso, la mayor intensidad de color rojo refiera a pérdidas de aproximadamente 2.500 votos, así como las verdes representan ganancias de similar magnitud. En este caso, se logran apreciar ganancias en la zona metropolitana, algunas pérdidas en la ciudad de Canelones, en una serie particular de Las Piedras y en Ciudad de la Costa (recordar que una parte importante de los ciudadanos que viven en esa zona están empadronados en Montevideo). Estas series, junto al del centro de Maldonado, son las que representan la mayor pérdida de votos en valor absoluto del FA.

En % zona metropolitana

Expresado en porcentaje de pérdida/ganancia de votos 2009-2014

Culminado el proceso electoral nacional, tras la victoria del Frente Amplio en octubre y noviembre, se derribaron una serie de hipótesis varias respecto al desgaste y debilitamiento de esa fuerza política en el electorado nacional. A la vista de estos resultados, queda sobre la mesa la interrogante de si las malas estimaciones de las encuestadoras se debieron a problemas de muestra que fallaron en captar este fenómeno territorial, sobrerrepresentado los sectores urbanos céntricos. A su vez, el clima de opinión pública adverso a la victoria del FA generado por estas malas estimaciones pudo resultar reforzado debido al pequeño retroceso del FA en las zonas de residencia de las élites intelectuales que actúan en la opinión pública nacional.

Sin embargo, con las cartas a la vista, la estabilidad electoral entre octubre 2009 y 2014 fue muy fuerte y el resultado electoral de noviembre fortaleció a la fórmula frenteamplista básicamente a través de transferencia de votos de colorados y algunos votos blancos**.

* Elaborados por el Partido Socialista del Uruguay

** En futuras notas se ampliará este punto.

Los hombres de la calle: historias de delegado

El 26 de octubre me tocó estar todo el día en la calle porque pude conseguir el auto de mis abuelos para dar una mano para trasladar gente que necesitaba moverse para ir a votar y no tenía los medios. En la mañana estuve apostado en el Club Cordón como delegado del Frente Amplio. Mientras estuve ahí, además de fiscalizar mi circuito, llevé a algunos veteranos que no podían moverse por sus propios medios a la mesa de votación que les correspondía. La historia que quiero contar no empieza acá, ni conmigo, pero apartémonos de la historia relevante y contemos cómo llegué junto a una amiga a formar parte de esta historia.

Cumplida la mañana nos dirigimos a la explanada de la UDELAR donde el ECOmité montó su base de operaciones para apoyar a delegados y votantes. Luego de estar unos minutos ahí, un veterano y un joven se acercaron a pedirnos que por favor los lleváramos al lugar de votación. En el caso del primero, sabía de memoria el número de su credencial por lo que rápidamente ubicamos cuál era su lugar de votación. En el caso del joven, no lo recordaba ni lo tenía, por lo que partimos con el que sí sabía a buscar el auto para ir a Maroñas donde le correspondía votar. Al dar la vuelta para partir hacia allí, sentimos los gritos de los gurises indicando que habían logrado identificar el lugar de votación gracias al sistema de búsqueda por nombre y apellido que estableció la Corte Electoral para el día de votación.

El veterano se colocó en el asiento delantero y la amiga que me acompañó se colocó en el asiento trasero con el joven, era un viajecito de media horita así que había tiempo para conversar un rato. El veterano tenía una cultura general muy amplia, que incluía un gran repertorio musical y un conocimiento amplio de las principales figuras y hechos políticos de Uruguay. También nos habló de cuando vivió en Corrientes, de cómo se ganaba la vida cantando allí y la buena relación que había hecho con la familia de su mujer en ese lugar.

El gurí claramente tenía otro perfil sociocultural. Al ratito de andar le dijo a mi amiga que lo acompañaba en el asiento de atrás: “Pa, perdoná flaca, me queman las alas, hoy estuve cargando cajones en la feria de Tristán y es por eso, perdón”. No paraba de apretar las axilas levantando los hombros como un niño avergonzado y apenas pronunció alguna palabra durante el viaje.

La historia de ellos dos, en la que entramos lateralmente, había empezado unos días antes cuando se conocieron en la calle. En particular esta historia arranca un rato antes de que ubicaran el puesto del ECOmité el día de las elecciones.

– ¿Sale un vinito?
– Pa, hoy no, hoy me aguanto. Primero cumplir con el deber cívico y después sí tomo.
– Ah, yo también quiero votar, esta vez sí quiero votar, nunca lo hice.
– No te pregunto a quién vas a votar porque viste cómo es la política, es como el fútbol, que divide a simpatizantes, y nosotros estamos acá en la misma.
– Sabelo, es que quiero votar porque tengo 29 años y nunca voté, ya sé a quién quiero votar.

Ambos tenían la lista de votación en sus bolsillos, pero ninguno se animaba a decirle al otro qué era lo que quería votar. El veterano me contó toda esta historia y cuando llegó a la parte en la que narró que logró ver sin querer la lista que el muchacho tenía guardada, me dijo con los ojos llorosos: “Fue de las cosas más lindas, cuando vi que iba a votar al Pepe, saqué de mi bolsillo la lista, se la mostré y nos dimos uno de los abrazos más grandes en mucho tiempo. Es un gurí con problemas, pero nos agarramos cariño. Ahí supe que teníamos que votar sí o sí y desde ahí estuvimos buscando quién nos lleve.”

Ambos vivían en la calle, pero por motivos distintos. El veterano más bohemio, con problemas con el alcohol y expulsado a la calle por problemas familiares. El joven contó que nunca había tenido al padre y que estaba en la calle hacía años. Ambos agradecidos de las “oportunidades que no aprovecharon” y en contacto con la red de protección social (refugios y ASSE) pero igualmente sin poder integrarse. Pensar que hay países donde cómodos ciudadanos votan voluntariamente y no van a la urna ni la mitad.

Durante todo el camino de vuelta me sonaba en la cabeza la voz del Pepe diciendo una y otra vez “naide es más que naides”. Me quedo con la cara de sorpresa del joven cuando la presidenta de mesa lo miró y él se dio cuenta que efectivamente estaba en el padrón y con casi treinta años podía votar por primera vez. También con el relato del veterano del abrazo tras la coincidencia de voto. La conexión del Pepe con la gente humilde -¡y mucho más allá!- es impresionante. Le deseo a todas las sociedades que una vez en su historia tengan un Tabaré, un Danilo y un Pepe al mismo tiempo. Qué orgullo ser delegado. Como en Tiranos Temblad: “Así que gracias Frente Amplio, por todo lo que nos das”.

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¿Cuántos votantes de cada partido apoyaron el Sí a la baja?

Según las estimaciones que realizamos con base en datos de la Corte Electoral, los votantes colorados, los blancos, los independientes y pocos frenteamplistas… pero dejemos los números de votación a la baja por partido político para el final.

Hace no mucho tiempo, el apoyo de la ciudadanía al proyecto de aplicación del código penal adulto a menores de edad presentado por Lacalle y Bordaberry contaba, según encuestas, con más de 65% de apoyo popular. Quizás el elemento sorpresa para la izquierda descansaba en el posicionamiento favorable a priori de electores de todos los partidos: los frenteamplistas marcaban porcentajes de apoyo superior a 50%. Sin embargo, el domingo 26 de octubre la propuesta fue derrotada de forma contundente en las urnas, al no alcanzar el umbral constitucional establecido de más de la mitad de los votos emitidos. ¿Por qué no salió la baja, si era un tema transversal a los partidos?

La respuesta requiere un nivel de investigación y análisis que supera ampliamente el alcance de una columna. De todas formas, cabe señalar que sin lugar a dudas uno de los factores fundamentales de la derrota fue la formación de la Comisión Nacional No a la Baja, que generó una campaña fresca, profesional, de fuertes contenidos y con una capacidad de tracción sobre el conjunto del Uruguay organizado como pocas veces se ha visto. Ninguna organización social que se haya tomado en serio la discusión de la temática se pronunció a favor de la reforma constitucional.

Volvamos al 26 de octubre. Cuando las mesas electorales realizan el escrutinio no tienen instrucciones de la Corte Electoral para registrar simultáneamente a qué partido fue dirigido un voto y si incluye o no la papeleta del Sí***. Por lo tanto, el dato para saber exactamente cuántos votos de cada partido fueron acompañados por esa papeleta no puede obtenerse directamente. Sin embargo, la Corte Electoral sí presenta la cantidad de papeletas contabilizadas por circuito, así como la cantidad de votos por circuito a cada partido. Con esa información es posible obtener una estimación fiable del voto por la baja asociado a cada partido, a partir de los microdatos de los más de 7.000 circuitos.** Según nuestras estimaciones, fue (en orden de votación para las elecciones nacionales): Frente Amplio 20%, Partido Nacional 74%, Partido Colorado 88%, Partido Independiente 79%, restantes partidos 34%.

Con estos datos a la vista, cabe revisitar la pregunta ¿por qué no salió la bajCapturaa? Y la respuesta es clara: porque los votantes frenteamplistas cambiaron de opinión. ¿Por qué cambiaron de opinión? Ésa es una pregunta más compleja. Como ya mencionamos, existió una excelente campaña plural del Uruguay organizado. Pero la mano invisible del aparato de construcción de sentido común de izquierda alcanzó más a los votantes frenteamplistas que a los otros. Parece razonable afirmar que en la politización del tema estuvo la clave de la victoria del No a la Baja. Como en otros casos (por ejemplo, el de la regulación del cannabis), el eje izquierda-derecha y en particular el factor Frente Amplio parecen ser decisivos para entender cómo se moldean las preferencias de los ciudadanos en temáticas específicas en el Uruguay contemporáneo.

*** Si bien las mesas utilizan una planilla auxiliar “voto a voto” a efectos del conteo, los más de 2.200.000 registros no se digitalizan o al menos el autor de este artículo no tiene acceso a los mismos.

**Cálculos y explicación disponibles aquí

*Agradezco a Fernando Esponda por los comentarios al artículo y la contribución para superar los problemas de multicolinealidad de las