Encuesta nacional de adolescencia y juventud: Causa y efecto (nota web INJU)

La Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud 2013, presentada el 16 de abril en la Torre Ejecutiva, arroja datos interesantes e importantes que fueron relevados en la publicación Tercer Informe ENAJ 2013. Ésta se divide en tres partes: la primera enfocada a temas tradicionales, como empleo, educación, salud y hogar; la segunda a nuevos temas, como son sustancias, salud mental y cuidados; y la última a la opinión de las personas jóvenes sobre algunos temas.

El coordinador de la ENAJ 2013 y actual director de INJU, Santiago Soto, resaltó durante la presentación la importancia de la encuesta para “continuar avanzando en el trabajo interinstitucional de las temáticas de juventudes; para ver los frutos de que casi se ha duplicado en pesos constantes el gasto en adolescencia y juventud de la última década (de menos
de 30.000 millones de pesos a casi 60.000 millones); y, por último, porque señala desafíos vinculados al sistema de cuidados, educación, Ley de empleo juvenil, reforma de la salud. También para analizar el lugar simbólico que tienen los jóvenes dentro de una sociedad envejecida y las políticas de empoderamiento que se tienen que llevar adelante de forma más ejecutiva por un instituto nacional de la juventud”.

Algunos de los datos que Soto señaló importantes fueron, según ejes temáticos:

Educación: “Hay una caracterización que hace Gustavo de Armas al respecto que dice que hubo una revolución silenciosa en el país durante los últimos 20 o 30 años vinculada a la educación terciaria, que quintuplicó su matrícula: 25% de los jóvenes de 29 a 25 años cursa nivel terciario”, señaló. Además, el incremento de asistencia a los centros educativos respecto a la encuesta 2008 es de cinco puntos porcentuales. Una novedad que la ENAJ registra es el acceso a las clases de apoyo complementarias: casi la mitad de los jóvenes las toman y es una cuestión extendida a todos los sectores socioeconómicos, del quinto quintil el 70% asiste, y del primero un 30%.

Empleo: la mayoría de los jóvenes consiguió su primer empleo a través de conocidos. “Es un dato muy significativo para nosotros en términos del traspaso intergeneracional del estatus. En el primer quintil 2/3 de los jóvenes lo hacen en el sector informal, y encima en las redes a las que están vinculados. Programas de primera experiencia laboral por sorteo, como Yo estudio y trabajo, cobran más sentido para romper esta cuestión de las redes a las que están atados para conseguir su primer trabajo”.

Salud: “La novedad más considerable es la universalidad que tiene el Sistema Nacional Integrado de Salud para adolescentes y jóvenes, respecto a 2008 cuando recién se implementaba: 85% realizó consulta en el último año, 71% fue al dentista, 15% consultó psicólogos/psiquiatras, y uno de cada cinco realizó al menos una consulta sobre temas de salud sexual. […] Un indicador que se usa muchas veces como predictor de cuestiones vinculadas a la autoeliminación es preguntarles si se sintieron tan tristes o deprimidos durante las últimas dos semanas como para no hacer sus actividades habituales: en 2008 había dado casi un 12% y ahora da un 9.7%”.

Opiniones: “Queremos hacer un zoom específico sobre la cuestión de roles tradicionales de género, los datos arrojados refuerzan la línea que venimos trabajando con Inmujeres sobre las masculinidades. Una conclusión genérica es que los roles tradicionales de género están más enquistados en los sectores de menores ingresos y fuera de la capital”, comentó. 31% está de acuerdo en que la crianza de los hijos es tarea primordial de las mujeres; las mujeres están más de acuerdo que los varones en que las tareas del hogar deben ser compartidas; y respecto a que las mujeres deberían elegir tareas que no interfieran con el futuro de su familia, la mitad está de acuerdo: “ahí tenemos también desafíos para trabajar sobre todo con el perfil de autoselección de carreras que tienen hombres y mujeres y cómo eso impacta en la desigualdad dentro del mercado de trabajo”, comentó Soto.

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Sustancias: 48% del total de las personas jóvenes tuvo acceso (esto no implica haber consumido) a marihuana; 17.8% a cocaína y 6.6% a paste base. En base a estos 48% que tuvo acceso a la marihuana, solamente consumió la mitad (o sea, una cuarta parte de la población joven); del 17.8% uno de cada diez probó cocaína; y del porcentaje que accedió pasta base, menos del 5% consumió.

Confianza en instituciones: centros educativos 74.2% de los jóvenes; medios de comunicación: 54.2%; movimientos estudiantiles: 46.1%; Policía: 29.3; gobierno nacional: 28.4%. Las opiniones varían considerablemente según tramos etarios (el corte fue hecho de 12 a 14 años; de 15 a 19; de 20 a 24 y de 25 a 29).

Predisposición migratoria: 30% de los jóvenes estarían dispuestos a vivir aunque sea temporalmente en otro departamento o país, 38,8% son de Montevideo, y 20,9% del interior.

Podés acceder al Informe Tercera Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud 2013, a la base de microdatos (disponible para descarga) y a la nota de presentación del lanzamiento con autoridades.

Otra vez Compromiso Educativo

Compromiso Educativo

Compromiso Educativo

Los grandes indicadores son fundamentales, pero se complementan con historias mínimas que inspiran a seguir caminos. Esa es la historia, por ejemplo, del gurí de Artigas que participó del acuerdo educativo y fue becado por Compromiso Educativo en el liceo, luego al egresar fue referente par como estudiante terciario y actualmente está haciendo suplencias como director de una escuela rural en su departamento.

El sábado pasado se realizó el lanzamiento de Compromiso Educativo en una jornada que reunió nuevamente a más de 600 jóvenes referentes pares de todo el país. ¿Qué es Compromiso Educativo y qué son los referentes pares? Ya llegaremos a responder esa pregunta, pero antes un poco de historia.

Hace ya 5 años, bajo la conducción de Matías Rodríguez, desde INJU comenzamos a impulsar la idea de generar un programa de inclusión educativa que tuviera como principal protagonista a los y las jóvenes. Al principio la idea era mirada de forma rara, y no faltaron personas muy serias que en todo su derecho no lograron disimular su escepticismo bajo pretextos del estilo, “esto no va a funcionar”, “no van a lograr convocar”, “no van a sostener la propuesta”, “no van a lograr financiamiento”, entre otros. Sin embargo, la experiencia del INFAMILIA/MIDES en el impulso de programas de inclusión educativa, combinada con la experiencia del INJU en el trabajo con jóvenes, indicaba que no tenía por qué ser de esa manera.

Participantes del convenio interinstitucional

Participantes del convenio interinstitucional

Y continuamos. Sumamos a un grupo de aliados de las instituciones educativas (MEC, ANEP y UDELAR), con quienes tomamos la idea para transformarla en un verdadero programa y discutimos largamente el diseño hasta que logramos acordarlo. El programa Compromiso Educativo es un programa que consta de tres componentes interrelacionados: (i) referentes pares, jóvenes estudiantes terciarios voluntarios que apoyan a estudiantes de enseñanza media superior (UTU y liceo) a completar sus estudios, (ii) un acuerdo educativo que compromete a los estudiantes de enseñanza media al logro de ciertos objetivos en el centro educativo, y (iii) una modesta beca de apoyo económico para algunos estudiantes que así lo requieran. El programa tiene una seria evaluación de impacto que marca claros resultados en retención y promoción de los estudiantes de enseñanza media superior que participan del mismo.

Referentes pares 2015

Referentes pares 2015

Pero no todo es evaluación de impacto en la variables más “duras” del sistema educativo. Obviamente que un buen programa con una buena evaluación de impacto, dos veces bueno. Pero más allá de ésta, Compromiso Educativo nos demuestra que vale la pena apostar y confiar en la participación de jóvenes en la construcción de respuestas de políticas públicas para enfrentar los desafíos que tenemos por delante.  Todos los años temo que no lograremos cubrir los cupos de referentes pares, y todos los años explota el compromiso de los jóvenes con sus pares. Es por ahí.

Dos aproximaciones bien intencionadas pero incorrectas a la cuestión del Presupuesto Educativo

  1. El gasto educativo ha decrecido en términos de su participación en el Producto Bruto Interno una vez que se realizan ciertos ajustes a dichas cifra (ver aquí, una buena respuesta aquí)

Dos economistas plantean en un serio estudio que no medimos correctamente el gasto en educación cuando lo hacemos como gasto corriente (de ese año) en porcentaje del PBI sino que hay que tomar en cuenta la evolución del poder de compra de dicho gasto en términos de “producción” educativa. El tema central es que el gasto corriente es fundamentalmente salarios. Veamos esta falacia mediante una historia.  Los simples mortales suelen mirar cuánto gasta la familia en el sueldo de la maestra y dicen: “esta familia gasta el 4.7% de su ingreso en clases particulares mientras que hace unos años gastaba apenas el 2.7%”. Sin embargo, algunos economistas, que logran ver más allá de esta supuesta verdad, se dan cuenta que en realidad lo que sucedió fue que el sueldo de la maestra aumentó por encima de los precios de la economía, por tanto, la familia no gasta más en educación, sino que gasta menos. En definitiva, tiene que destinar más plata que antes para contratar a la misma maestra y por tanto no aumentó el gasto en educación sino que incluso pudo haber disminuido.

Pero resulta que la sociedad en su conjunto no es lo mismo que una familia. Es más, lo interesante de esto es que el objetivo de la política de las administraciones desde 2005 en adelante fue justamente “inflar” los costos de la educación, porque los salarios estaban completamente deprimidos y su aumento supone una transformación en la propia estructura del sistema educativo. Conclusión: si realizamos el ajuste que proponen llegamos a la conclusión ridícula de que el aumento significativo de los salarios de los docentes a partir de 2005 hizo decrecer el gasto educativo como porcentaje del PBI.

  1. El esfuerzo que hace el Uruguay es poco significativo respecto al mundo porque los países centrales gastan mucho más que nosotros en dólares incluso corregido por poder de compra (dólares PPA) (ver aquí)

Algunos artículos han sugerido que se debe tomar como medida de compromiso con la educación el monto de dinero que dedican a sus alumnos los distintos países. Como el dinero expresado en dólares corrientes así como así no significa poder de compra, estos artículos realizan un ajuste a estos montos que se conoce como “paridad de poderes de compra” (la sigla en inglés es PPA). Cuando se dice que algo está expresado “en dólares PPA”, quiere decir que se corrige el valor en dólares de la comparación por el costo que tienen las canastas de bienes y servicios que se pueden comprar con ellos en cada país. Resulta intuitivo que no cuesta lo mismo una canasta de servicios básicos en Uganda que en Japón y los dólares PPA intentan expresar el valor de compra de un dólar de modo que pueda comprar lo mismo en cada uno de esos países. Y el resultado de esa comparación es que en dólares PPA los países ricos gastan mucho y los pobres gastan poco. Esto es cierto, pero hay una pequeña trampa conceptual.

El gasto educativo corriente está determinado fundamentalmente por el peso que tienen en él los salarios. El problema cuando se comparan salarios es que incluso cuando se corrige por el costo de vida en cada país, cabe la pregunta: ¿cuánto gana un economista serio en cada uno de esos países? No tiene sentido comparar cuánto gana un maestro en dólares en paridad de poderes de compra en dos países que tienen niveles salariales completamente distintos para todas las profesiones (incluyendo economistas serios y maestros). O dicho de otra forma, ¿a alguien le sorprende que por ejemplo en Uganda un maestro cobre un sueldo de la escala salarial de un país como Japón? Primero, probablemente no den las cuentan para eso. Segundo, nadie cree razonablemente que los maestros puedan constituirse en una pequeña cúpula de ese tipo en un país muy pobre cobrando un nivel salarial correspondiente a un país de un nivel de desarrollo mucho mayor. Conclusión: comparar el esfuerzo educativo en términos de poder de compra del gasto educativo –que está determinado fundamentalmente por los salarios docentes– no es buena forma de medir el esfuerzo educativo.

Presupuesto educativo: ¿Qué ves cuando me ves?

Una educación de calidad para toda la ciudadanía constituye uno de los elementos centrales de cualquier proyecto de ampliación de las libertades humanas y por tanto su priorización en términos de gasto público resulta fundamental. En estos tiempos se ha hablado mucho respecto al presuuesto que invierte el Uruguay en educación y si esto es o no suficiente para solventar las aspiraciones sociales que tenemos.

En este sentido, han circulado argumentos técnicos que ponen en tela de juicio las medidas “convencionales” que se utilizan para valorar y comparar el esfuerzo educativo que realiza el Uruguay. Con ánimo simplificador, suelen plantearse dos argumentos: (i) que luego de realizar ciertos ajustes por la “inflación” educativa, el presupuesto destinado a educación como porcentaje del producto bruto interno (PBI) no sólo no ha aumentado sino que incluso ha disminuido (ver aquí, una buena respuesta aquí), y (ii) que las remuneraciones del sector docente son ridículamente bajas en comparación con lo que cobra un docente en un país rico (ver aquí).

Ambos argumentos presentan fuertes debilidades. El primero, porque justamente el objetivo de las políticas de la última década fue “inflar” los costos de la educación por encima del resto ya que los salarios del sistema educativo estaban completamente deprimidos. Mientras que el segundo, al menos no parece un gran hallazgo: comparados puesto a puesto los trabajadores de los países ricos ganan más que los de los países pobres (aquí les dejo un documento con una explicación técnica más profunda).

¿Qué mirar?

La medida más razonable que suele utilizarse para medir el esfuerzo educativo de cada país es el gasto corriente que realiza una sociedad como porcentaje del total de valor neto que genera en un año (PBI). Esto es así, ya que es una medida que muestra el esfuerzo relativo que realiza cada país y no se encuentra expresado en términos absolutos ni se cambia la base de comparación. En el gráfico adjunto elaborado por CEPAL en base a datos oficiales puede observarse la estructura del gasto público social para un conjunto de países de América Latina. estructura gastoComo se desprende de ahí, Uruguay tiene un gasto público social elevado y un gasto educativo relativamente inferior a la media latinoamericana. Sin embargo, incluso a igual cobertura del sistema educativo público, debe tenerse en cuenta la estructura demográfica de cada país. No es lo mismo destinar un 4.5% del PBI en un país como Uruguay con un 22% de jóvenes que en otro donde la población joven alcanza a cerca de la mitad. Si quitamos esos países de la comparación, Uruguay –que comenzó la década al final de la lista– se encuentra hoy en los primeros puestos junto a Argentina, Costa Rica y Chile.

El pecado original

Como señala una investigación realizada por Unicef, la matrícula de enseñanza media en Uruguay no paró de crecer durante todo el siglo XX con dos empujes en la cobertura a partir de los años 50 y 80. Sin embargo, el presupuesto expresado en términos de PBI no acompañó la aceleración impresionante de la matriculación en enseñanza media –¡oh casualidad!– a partir de la salida de la dictadura. Sin lugar a dudas un país chico y con aspiraciones de desarrollo como Uruguay tiene que avanzar en el esfuerzo que dedica a la educación, no basta para la comparación unos pocos años de esfuerzo frente a otros países que lo vienen realizando durante décadas (punto central de coincidencia con Jana Rodríguez).

Le pese a quien le pese, en el Uruguay pos dictadura ha existido un único partido político que ha demostrado compromiso (no sólo con declaraciones de amor) con la educación pública. Ahora, el programa del Frente Amplio plantea acercarse a un gasto educativo equivalente al 6% del PBI. Probablemente con ese esfuerzo relativo Uruguay encabece a los países la región en el gasto que realiza en relación a su cantidad de estudiantes.

¿Es suficiente? No. Corregir el pecado original de décadas de desinversión y estímulos equivocados a la remuneración de la profesión docente no se logrará mágicamente y requiere un gran programa reformista que genere una verdadera revolución educativa. Priorizar el presupuesto educativo –como se ha hecho desde 2005– debe ser el componente prioritario de la política social. Es el pilar básico de la igualación de oportunidades y de la capacidad de generar bienestar en la población. En Uruguay, como dice Tabaré, falta mucho pero falta menos.

*Agradezco enormemente los comentarios de Oriana Montti, Martina Querejeta, Mauricio De Rosa, Fernando Isabella y Gastón González