Presupuesto educativo: ¿Qué ves cuando me ves?

Una educación de calidad para toda la ciudadanía constituye uno de los elementos centrales de cualquier proyecto de ampliación de las libertades humanas y por tanto su priorización en términos de gasto público resulta fundamental. En estos tiempos se ha hablado mucho respecto al presuuesto que invierte el Uruguay en educación y si esto es o no suficiente para solventar las aspiraciones sociales que tenemos.

En este sentido, han circulado argumentos técnicos que ponen en tela de juicio las medidas “convencionales” que se utilizan para valorar y comparar el esfuerzo educativo que realiza el Uruguay. Con ánimo simplificador, suelen plantearse dos argumentos: (i) que luego de realizar ciertos ajustes por la “inflación” educativa, el presupuesto destinado a educación como porcentaje del producto bruto interno (PBI) no sólo no ha aumentado sino que incluso ha disminuido (ver aquí, una buena respuesta aquí), y (ii) que las remuneraciones del sector docente son ridículamente bajas en comparación con lo que cobra un docente en un país rico (ver aquí).

Ambos argumentos presentan fuertes debilidades. El primero, porque justamente el objetivo de las políticas de la última década fue “inflar” los costos de la educación por encima del resto ya que los salarios del sistema educativo estaban completamente deprimidos. Mientras que el segundo, al menos no parece un gran hallazgo: comparados puesto a puesto los trabajadores de los países ricos ganan más que los de los países pobres (aquí les dejo un documento con una explicación técnica más profunda).

¿Qué mirar?

La medida más razonable que suele utilizarse para medir el esfuerzo educativo de cada país es el gasto corriente que realiza una sociedad como porcentaje del total de valor neto que genera en un año (PBI). Esto es así, ya que es una medida que muestra el esfuerzo relativo que realiza cada país y no se encuentra expresado en términos absolutos ni se cambia la base de comparación. En el gráfico adjunto elaborado por CEPAL en base a datos oficiales puede observarse la estructura del gasto público social para un conjunto de países de América Latina. estructura gastoComo se desprende de ahí, Uruguay tiene un gasto público social elevado y un gasto educativo relativamente inferior a la media latinoamericana. Sin embargo, incluso a igual cobertura del sistema educativo público, debe tenerse en cuenta la estructura demográfica de cada país. No es lo mismo destinar un 4.5% del PBI en un país como Uruguay con un 22% de jóvenes que en otro donde la población joven alcanza a cerca de la mitad. Si quitamos esos países de la comparación, Uruguay –que comenzó la década al final de la lista– se encuentra hoy en los primeros puestos junto a Argentina, Costa Rica y Chile.

El pecado original

Como señala una investigación realizada por Unicef, la matrícula de enseñanza media en Uruguay no paró de crecer durante todo el siglo XX con dos empujes en la cobertura a partir de los años 50 y 80. Sin embargo, el presupuesto expresado en términos de PBI no acompañó la aceleración impresionante de la matriculación en enseñanza media –¡oh casualidad!– a partir de la salida de la dictadura. Sin lugar a dudas un país chico y con aspiraciones de desarrollo como Uruguay tiene que avanzar en el esfuerzo que dedica a la educación, no basta para la comparación unos pocos años de esfuerzo frente a otros países que lo vienen realizando durante décadas (punto central de coincidencia con Jana Rodríguez).

Le pese a quien le pese, en el Uruguay pos dictadura ha existido un único partido político que ha demostrado compromiso (no sólo con declaraciones de amor) con la educación pública. Ahora, el programa del Frente Amplio plantea acercarse a un gasto educativo equivalente al 6% del PBI. Probablemente con ese esfuerzo relativo Uruguay encabece a los países la región en el gasto que realiza en relación a su cantidad de estudiantes.

¿Es suficiente? No. Corregir el pecado original de décadas de desinversión y estímulos equivocados a la remuneración de la profesión docente no se logrará mágicamente y requiere un gran programa reformista que genere una verdadera revolución educativa. Priorizar el presupuesto educativo –como se ha hecho desde 2005– debe ser el componente prioritario de la política social. Es el pilar básico de la igualación de oportunidades y de la capacidad de generar bienestar en la población. En Uruguay, como dice Tabaré, falta mucho pero falta menos.

*Agradezco enormemente los comentarios de Oriana Montti, Martina Querejeta, Mauricio De Rosa, Fernando Isabella y Gastón González

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