Los números de los dos meses del blog en 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.200 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 37 viajes para llevar tantas personas.

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Movida joven; voto, no tanto (Nota publicada en La Diaria)

En un artículo anterior (ver http://ladiaria.com.uy/UGW) se analizó la relación entre los partidos políticos y el voto a favor de la baja de la edad de imputabilidad. Los datos por circuitos evidenciaban un claro vínculo entre el voto por Sí y el partidario: los votantes del Frente Amplio (FA), en su enorme mayoría, no apoyaron el plebiscito (solamente cerca de 20% puso la papeleta del Sí), mientras que sucedió lo inverso con los votantes de los partidos tradicionales (74% y 88% de votos con papeletas para los partidos Nacional y Colorado, respectivamente). En el caso del Partido Independiente (PI), la estimación arrojó una alta proporción de votos con papeletas del Sí, pero este resultado debe matizarse debido a la mayor varianza y el poco peso electoral del PI en cada circuito.

El objetivo de este artículo es realizar un análisis por edad. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se rebelaron contra éste? Dado que no se cuenta con información voto a voto (la Corte Electoral no informatiza esos registros), un primer acercamiento consiste en realizar una regresión en base a información de circuitos como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje del Sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (menores de 30), adultos (30-65) y adultos mayores (mayores de 65).

Los resultados de la regresión indican que los circuitos con votantes de mayor edad tuvieron mayores niveles de apoyo al plebiscito. Bajo algunos supuestos, se puede deducir que 42% de los jóvenes, 46% de los adultos y 56% de los adultos mayores incluyeron la papeleta del Sí.1 Una consideración apresurada de la regresión podría llevarnos a concluir que hay un corte etario que explica el resultado del plebiscito, pero un análisis más pormenorizado permite afinar y matizar esa conclusión.

En primer lugar, este perfil etario no parece demasiado alejado del promedio total de votos por Sí. Al representar la nube de puntos entre el porcentaje de apoyo al plebiscito y el porcentaje de votantes de cada tramo etario en cada circuito, a diferencia de lo que sucede cuando se representa por partido político, el resultado no sugiere relaciones claras entre las edades y los votos por el Sí.

La pregunta que surge a continuación es si la relación entre edades y adhesión al plebiscito no está mediada en realidad por otra variable (por ejemplo, que los jóvenes votaron en forma mayoritaria al FA). Para saber cuál es la variable preponderante, se puede realizar una regresión con ambos tipos de variables (partidarias y por edades).2 Este análisis nos plantea dos elementos; el primero, que la combinación de ambos argumentos aporta información, pero no mucha más que la que se obtiene del análisis utilizando únicamente el voto a partidos. En segundo lugar, da una idea del bajo poder explicativo de las edades. Mientras que la diferencia en el porcentaje de adhesión al plebiscito entre un votante del FA y uno del Partido Nacional es importante (55%), la diferencia entre un votante joven y uno viejo del mismo partido es, en promedio, menos de 2%.

¿Esto implica que no hubo una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación no a la baja”? No, para nada. El concepto de “generación no a la baja” refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes. Lo que sí parecen indicarnos los datos es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en la conducta electoral ante el plebiscito, o al menos que ese eventual sesgo no fue apartidario.


  1. El artículo metodológico está disponible en el blog penillanura.wordpress.com. Las estimaciones se obtuvieron bajo el supuesto de constancia de Goodman. Más allá de la incertidumbre sobre los valores exactos, la diferencia de apoyo al plebiscito por edades es robusta con diferentes especificaciones y agrupaciones de cohortes.
  2. Nuevamente, se realiza el análisis como si los coeficientes de los circuitos en forma agregada representaran coeficientes individuales.

Movida joven, votos no tanto. Fundamentación de la nota de La Diaria

En anteriores artículos se analizó la relación entre los partidos políticos y el voto a favor de la baja de la edad de imputabilidad. Los datos evidenciaban que el vínculo entre el voto al “Sí” y el voto partidario tenía una clara relación: los votantes del Frente Amplio en su enorme mayoría no apoyaron el plebiscito (solamente cerca del 20% pusieron la papeleta del ”Sí”), mientras que los votantes de los partidos tradicionales apoyaron la propuesta (74% y 88% de votos con papeletas para el Partido Nacional y el Partido Colorado respectivamente[1]). Más allá de los eventuales problemas de dichas estimaciones derivados de la llamada falacia ecológica[2][3], si se observan las nubes de puntos (que muestran el porcentaje de votos al plebiscito y el porcentaje de votos a cada partido) se intuye claramente una relación inversa con el Frente Amplio y positiva con respecto a los partidos tradicionales.

Nubes de puntos entre porcentaje de voto al Sí y porcentaje de voto a los principales partidos

El objetivo del presente artículo es realizar un análisis por edad. ¿Los adultos tuvieron mayores niveles de adhesión al plebiscito? ¿Los jóvenes se revelaron en contra del mismo?

Un primer acercamiento consiste en realizar una regresión como la realizada para los partidos políticos, teniendo como variable dependiente el porcentaje de sí a la baja en cada circuito, y como variables explicativas el porcentaje de votantes jóvenes (18-30), adultos (30-65) y viejos (65 y más)[4].

Regresión de porcentaje al Sí con jóvenes, adultos y adultos mayores como variables explicativas

Regresión de porcentaje al Sí con jóvenes, adultos y adultos mayores como variables explicativas

La regresión indica, por ejemplo, que si dos circuitos son similares en cuanto a sus distribuciones etarias, pero uno tiene un 1% más de viejos que de jóvenes, entonces lo más probable es que tenga un poco más de apoyo en el plebiscito. Si asumimos el supuesto de constancia[5], el 42% de los jóvenes, el 46% de los adultos y el 56% de los viejos apoyaron el plebiscito.

La regresión parece indicar una relación del voto al “Sí” proporcional con la edad: en los circuitos con mayor porcentaje de votantes viejos, habría un mayor porcentaje de votantes para el sí a la baja. El análisis de la regresión de forma apresurada podría llevarnos a concluir, rápidamente, que hay un corte etario en el plebiscito: cuánto más edad, mayor asociación con la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Sin embargo, un análisis más fino permite afinar esta conclusión.

En primer lugar, este perfil etario no parece demasiado alejado del promedio total de votos al “Sí”. Resulta interesante observar la nube de puntos entre el porcentaje de votos al “Sí” y el porcentaje de votantes de cada tramo etario en cada circuito.

Nube de puntos de porcentaje de voto al Sí respecto a tramos etarios seleccionados

Nube de puntos de porcentaje de voto al Sí respecto a tramos etarios seleccionados

Las nubes de puntos no sugieren relaciones claras entre las edades y los porcentajes de adhesión al plebiscito.

A su vez, si se realiza la regresión anterior con constante y omitiendo una variable para evitar problemas de multicolinealidad, nos encontramos con un R2 (medida de bondad de ajuste de la regresión acotada entre 0 y 1) bastante más bajo (0.135) que el que encontrábamos cuando se analizaba la regresión de adhesión al plebiscito contra los partidos políticos (0.743). Es decir, la potencia explicativa del modelo con edades es menor al del modelo con partidos.

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante, partidos y tramos de edad seleccionados (adultos mayores y partidos chicos omitidas para evitar colinealidad)

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante, partidos y tramos de edad seleccionados (adultos mayores y partidos chicos omitidas para evitar colinealidad)

La pregunta que surge a continuación es si la relación entre edades y adhesión al plebiscito no es una relación que, en realidad, este mediada por otra variable. Alguien podría argumentar que no es que los jóvenes hayan votado en menor medida al plebiscito per se, sino porque los jóvenes votaron mayoritariamente al Frente Amplio, y en tanto votantes del Frente Amplio votaron menos al sí a la baja. O lo contrario: no es que los frenteamplistas votaron en menor medida al plebiscito per se, sino porque como son jóvenes, entonces por dicha condición no votaron al plebiscito.

Para saber cuál es la variable preponderante, la que realmente explica el comportamiento de votar o no el sí a la baja, se puede realizar una regresión con ambos tipos de variables (partidarias y por edades) [6]:

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante y tramos de edad seleccionados (adultos mayores omitida para evitar colinealidad)

Regresión de porcentaje de voto al Sí con constante y tramos de edad seleccionados (adultos mayores omitida para evitar colinealidad)

Para correr la regresión se eliminan dos variables (porcentaje de votos a partidos chicos y porcentaje de votos de viejos) para evitar problemas de multicolinealidad. La regresión nos plantea dos elementos. El primero, que el R2 es mayor que el de las anteriores regresiones, pero no mucho mayor que el de la regresión que sólo tiene a los partidos.

En segundo lugar, nos da una idea del bajo poder explicativo de las edades. Mientras que la diferencia en el porcentaje de adhesión al plebiscito entre un votante del Frente Amplio y uno del Partido Nacional es importante (de 55%), la diferencia entre un votante joven y uno adulto es casi nula (0%), o entre un votante joven y uno viejo menor al 2% (1,58%).

En síntesis, si quiero apostar si una persona votó o no votó el sí a la baja, y me ofrecen dos opciones, o decirme su edad o decirme a qué partido político votó, voy a preferir ampliamente que me digan a qué partido político votó.

Por poner un extremo, si bien hay una cierta relación entre las edades de las personas y su adhesión al plebiscito, es mucho más probable que un joven colorado –o blanco– haya votado el “Sí”, que lo haya hecho un viejo frenteamplista.

¿Esto implica que no existe una mirada generacional sobre el problema? ¿Implica que no existe la “generación no a la baja”? No, para nada. La generación no a la baja refiere a un actor colectivo que jugó un papel fundamental en la construcción de una campaña política que encolumnó a casi la totalidad de los actores juveniles de todo el espectro político y al Uruguay organizado detrás de la defensa de los derechos de adolescentes y jóvenes. Lo que sí parecen indicarnos los datos, es que este sesgo en la acción colectiva no necesariamente se tradujo en un sesgo etario en el voto al plebiscito, o al menos que no fue un sesgo apartidario.

Fernando Esponda y Santiago Soto

[1] En el caso del Partido Independiente la estimación puntual arrojaba una alta proporción de votos con papeletas del “Sí”. Sin embargo, este resultado debe matizarse debido a la mayor varianza de la estimación y el poco peso electoral del Partido Independiente en cada circuito.

[2] La falacia ecológica consiste en sacar conclusiones de actos individuales (por ejemplo, que el 20% de los votantes del Frente Amplio votaron el Sí a la Baja) a partir de datos agregados. Recordemos que la base de datos que se tiene a disposición es el porcentaje de votos por circuito, y no los votos de cada uno de los individuos. Por este motivo, se deben tener cierta cautela en las inferencias realizadas con regresiones por mínimos cuadrados ordinarios. Agradecemos a @CasandraOrejana por señalar el problema específico de falacia ecológica en este tipo de estudios, así como la bibliografía de King de referencia.

[3] Las estimaciones en relación al porcentaje del Frente Amplio que votó al Sí con diferentes metodologías coinciden en que el porcentaje es cercano al 20%.

[4] Los resultados no varían sensiblemente si se agrupan cohortes de edades de distinta forma.

[5] Ver Goodman

[6] Nuevamente, se realiza el análisis como si los coeficientes representaran los coeficientes individuales, a pesar de ser coeficientes de los circuitos en forma agregada.

Anexo

Predicción Vs voto al sí (modelo con edades)

Predicción Vs voto al sí (modelo con edades)

Histograma de residuos (modelo con edades)

Histograma de residuos (modelo con edades)

Ahí están ellos son: cambios en el voto al FA en el territorio octubre 2009 Vs. octubre 2014

Primero lo primero. Con los mapas a la vista, dos mensajes sobre el leve avance de aproximadamente 30 mil votos del Frente Amplio (FA) entre octubre de 2009 y octubre de 2014: (i) la ganancia de votos al FA en el interior no parece un fenómeno que responda únicamente a características particulares de algunos territorios sino que luce como un fenómeno general, y (ii) el FA pierde algunos votos en series electorales vinculadas a los centros urbanos del sur del país (casco céntrico de Montevideo, ciudad de Canelones y centro de Maldonado).

Uruguay

Mapa de ganancias y pérdidas electorales del FA (máximo verde 250, máximo rojo -250)

Según datos de la Corte Electoral, el FA obtuvo cerca de 29 mil votos más que en octubre de 2009 (1.134.187 Tabaré-Sendic Vs 1.105.262 Mujica-Astori). En los mapas que se presentan a continuación* se puede ver la diferencia absoluta de votos entre octubre de 2009 y octubre de 2014. En el primer mapa, que considera la totalidad del territorio nacional, se representa en una escala que va de rojo a verde las pérdidas y ganancias de votos respectivamente. La mayor intensidad se obtiene con diferencias de votos de aproximadamente 250 ciudadanos. Como puede observarse, la ganancia de votos el FA en el interior del país fue generalizada. En el mapa se observa que priman leves ganancias y algunas ganancias relativamente fuertes en los departamentos fuera del centro geográfico del país, así como algunas pérdidas en series electorales de la zona metropolitana y Maldonado.

Montevideo

Mapa de ganancias y pérdidas electorales del FA (máximo verde aprox. 2.500, máximo rojo -2.500)

Por otro lado, en el segundo mapa se muestra Montevideo y la zona metropolitana pintada con los mismos colores pero una escala de mayor amplitud debido a la mayor concentración de ciudadanos. En este caso, la mayor intensidad de color rojo refiera a pérdidas de aproximadamente 2.500 votos, así como las verdes representan ganancias de similar magnitud. En este caso, se logran apreciar ganancias en la zona metropolitana, algunas pérdidas en la ciudad de Canelones, en una serie particular de Las Piedras y en Ciudad de la Costa (recordar que una parte importante de los ciudadanos que viven en esa zona están empadronados en Montevideo). Estas series, junto al del centro de Maldonado, son las que representan la mayor pérdida de votos en valor absoluto del FA.

En % zona metropolitana

Expresado en porcentaje de pérdida/ganancia de votos 2009-2014

Culminado el proceso electoral nacional, tras la victoria del Frente Amplio en octubre y noviembre, se derribaron una serie de hipótesis varias respecto al desgaste y debilitamiento de esa fuerza política en el electorado nacional. A la vista de estos resultados, queda sobre la mesa la interrogante de si las malas estimaciones de las encuestadoras se debieron a problemas de muestra que fallaron en captar este fenómeno territorial, sobrerrepresentado los sectores urbanos céntricos. A su vez, el clima de opinión pública adverso a la victoria del FA generado por estas malas estimaciones pudo resultar reforzado debido al pequeño retroceso del FA en las zonas de residencia de las élites intelectuales que actúan en la opinión pública nacional.

Sin embargo, con las cartas a la vista, la estabilidad electoral entre octubre 2009 y 2014 fue muy fuerte y el resultado electoral de noviembre fortaleció a la fórmula frenteamplista básicamente a través de transferencia de votos de colorados y algunos votos blancos**.

* Elaborados por el Partido Socialista del Uruguay

** En futuras notas se ampliará este punto.

A propósito de Guantánamo: En nombre de la libertad (Del blog CCEE 2012)*

Camino al sur, el paisaje de Vietnam va cambiando, no solamente geográficamente sino también humana y culturalmente. Luego de recorrer Ha Noi, la capital del país ubicada bien al Norte y una ciudad espectacular (ver fotos), fuimos “bajando” en un ómnibus tipo cama que los vietnamitas armaron para el turismo y que llaman “open bus”. Pasamos por Hue, la antigua capital imperial, con una historia riquísima y muy marcada por la proximidad con la zona demilitarizada, límite geográfico entre el Norte y el Sur del país cuando estuvo dividido. También por Hoi An, pueblo más pequeño y antiguo, famoso por la cantidad de sastrerías y lugares de venta de ropa, aparte de su pintoresca apariencia colonial del siglo XVIII cuando fue un lugar relevante en el comercio del sudeste asiático, lugar que perdió rápidamente y nunca volvió a recuperar. Luego seguimos camino al sur hasta llegar a Ho Chi Min, antigua Saigón.

La retórica militar yankee

La retórica militar yankee

En la época en que el país se encontró dividido en Norte y Sur, el nombre de la ciudad era conocido como Saigón y aquellos que hayan vivido los años 70s probablemente se acuerden de “la caída de Saigón”, un hito en la historia de la Guerra Fría y de todo el siglo XX. Más allá de sus nombres, la ciudad es muy linda, la primera realmente grande que vimos en Vietnam, con rascacielos y todo. Las manzanas nos recordaron a Japón en el sentido que estaban completamente agujereadas por callejoncitos, en uno de éstos se encontraba el Hostel adonde nos alojamos. Sin embargo, la diferencia fundamental con Japón era el hacinamiento total de los habitantes que dormían en la calle o en el piso de habitaciones que daban abiertamente a la calle.

Ho Chi Min es un lugar cargadísimo de historia. A los cuatro meses de terminada la guerra de Vietnam, el gobierno nacional definió construir un museo de la guerra a que llamó “Museo de crímenes de guerra americanos” (sobre este tema también volveremos en otra entrada). Al segundo día de estadía nos dirigimos hacia el museo. Está muy buen organizado en secciones con carteles traducidos en un buen inglés.

Masacre

Masacre

Comenzamos por la planta baja donde se encontraban dos secciones: un campeonato de dibujos de niños vietnamitas sobre la guerra y la paz y otro de muestras de solidaridad con Vietnam durante la guerra alrededor de todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos y Uruguay.

Subiendo al primer piso comenzaba lo complicado. Primero una sección de historia de la guerra: fotos de los crímenes brutales que cometieron los yankees durante su intervención que llegó a concentrar medio millón de soldados y lanzar explosivos equivalentes a varias bombas de Hiroshima y que fueron tirados en mayor cantidad que durante toda la segunda guerra mundial en Europa. Las imágenes eran realmente conmovedoras e impactantes, la guerra es siempre algo terrible que me genera una repulsión importante, pero la asimetría de esta guerra y la desproporcionalidad del bando yankee sobre todo en su potencia de bombardeo aéreo resulta repugnante. Y sin embargo, los vietnamitas los echaron de su tierra y lograron reunificar el país… a costa de cinco millones de muertos. Otro punto espantoso de la galería que estoy mencionando fue la matanza protagonizada por un grupo de soldados norteamericanos que masacraron y violaron casi una villa completa. El señor que había comandado el ataque de joven es ahora senador de los Estados Unidos, un tal Kerry: un criminal de guerra que debería estar preso.

La mano visible del tío Sam

La mano visible del tío Sam

Pero lo peor estaba por llegar. La siguiente sala era sin dudas la más fuerte de todas y estaba dedicada a los efectos de la guerra química sucia de los EEUU y en particular al “agente naranja”. Este químico fue rociado sobre el país en numerosas oportunidades con el fin de defoliar la selva donde se ubicaban los patriotas vietnamitas que luchaban contra una dictadura en el sur soportada por una invasión norteamericana. Las fotos de los efectos de este químico son impresionantes y los relatos más. Es algo tan terrible que es comparable a una bomba atómica. La exposición a dicho químico genera malformaciones congénitas que se transmiten de generación en generación durante un número de años que todavía se desconoce (cosa que pasa solamente una generación hacia adelante con la radiación nuclear). No se me ocurre miseria peor que condenar a un niño o niña a vivir de forma absolutamente limitada por una guerra que pelearon otras generaciones hace décadas. Sinceramente es una historia muy triste y un verdadero crimen de guerra que exige una reparación por parte del país que infringió el daño. Y también justicia ¿Quién dio la orden de tirar ese químico? ¿Qué dijo la empresa que lo fabricó al respecto de los efectos que generaba con la población? ¿Quiénes fueron los químicos que participaron en el diseño? Al menos todos ellos deberían recibir un juicio justo que inevitablemente los condenaría a la cárcel por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. En la rutina, en casa, con nuestras cosas, solemos olvidarnos que vivimos en un mundo muy injusto y desigual.

El tercer piso estaba dedicado a una exposición fotográfica fantástica. Dos periodistas tuvieron la buena idea de recopilar fotos de la guerra tomadas por fotógrafos de los dos bandos. La exposición generaba mucho respeto hacia estos profesionales que pusieron su vida en juego (y que muchos la perdieron) para mostrar al mundo las miserias de la guerra en Vietnam, tarea que logró temer amplio impacto político en los movimientos pacifistas a escala planetaria y que consiguió presionar políticamente a los gobiernos de los países centrales para terminar la guerra. Una de las fotos que más me impactó fue una donde aparecía un fotógrafo en posición de reptar apuntando con su cámara cual arma mientras se divisaban detrás varios soldados con sus metralletas en igual posición. Por otro lado, impactaba también la juventud de los soldados de ambos bandos y sobre todo los americanos que nunca debieron estar ahí, nunca debieron morir ni matar ahí como peones en el partido de ajedrez planetario que fue la Guerra Fría. Pero en nombre de la libertad había que frenar al comunismo y Vietnam quiso ser un ejemplo. ¿Cómo se pueden pervertir en pocas generaciones ideales tan grandes como los de los Padres Fundadores de los Estados Unidos en su verdadera lucha por la libertad?

* Esta historia forma parte de una trilogía escrita durante el viaje de CCEE en 2012 “En nombre de…” Disponible aquí.

Dos aproximaciones bien intencionadas pero incorrectas a la cuestión del Presupuesto Educativo

  1. El gasto educativo ha decrecido en términos de su participación en el Producto Bruto Interno una vez que se realizan ciertos ajustes a dichas cifra (ver aquí, una buena respuesta aquí)

Dos economistas plantean en un serio estudio que no medimos correctamente el gasto en educación cuando lo hacemos como gasto corriente (de ese año) en porcentaje del PBI sino que hay que tomar en cuenta la evolución del poder de compra de dicho gasto en términos de “producción” educativa. El tema central es que el gasto corriente es fundamentalmente salarios. Veamos esta falacia mediante una historia.  Los simples mortales suelen mirar cuánto gasta la familia en el sueldo de la maestra y dicen: “esta familia gasta el 4.7% de su ingreso en clases particulares mientras que hace unos años gastaba apenas el 2.7%”. Sin embargo, algunos economistas, que logran ver más allá de esta supuesta verdad, se dan cuenta que en realidad lo que sucedió fue que el sueldo de la maestra aumentó por encima de los precios de la economía, por tanto, la familia no gasta más en educación, sino que gasta menos. En definitiva, tiene que destinar más plata que antes para contratar a la misma maestra y por tanto no aumentó el gasto en educación sino que incluso pudo haber disminuido.

Pero resulta que la sociedad en su conjunto no es lo mismo que una familia. Es más, lo interesante de esto es que el objetivo de la política de las administraciones desde 2005 en adelante fue justamente “inflar” los costos de la educación, porque los salarios estaban completamente deprimidos y su aumento supone una transformación en la propia estructura del sistema educativo. Conclusión: si realizamos el ajuste que proponen llegamos a la conclusión ridícula de que el aumento significativo de los salarios de los docentes a partir de 2005 hizo decrecer el gasto educativo como porcentaje del PBI.

  1. El esfuerzo que hace el Uruguay es poco significativo respecto al mundo porque los países centrales gastan mucho más que nosotros en dólares incluso corregido por poder de compra (dólares PPA) (ver aquí)

Algunos artículos han sugerido que se debe tomar como medida de compromiso con la educación el monto de dinero que dedican a sus alumnos los distintos países. Como el dinero expresado en dólares corrientes así como así no significa poder de compra, estos artículos realizan un ajuste a estos montos que se conoce como “paridad de poderes de compra” (la sigla en inglés es PPA). Cuando se dice que algo está expresado “en dólares PPA”, quiere decir que se corrige el valor en dólares de la comparación por el costo que tienen las canastas de bienes y servicios que se pueden comprar con ellos en cada país. Resulta intuitivo que no cuesta lo mismo una canasta de servicios básicos en Uganda que en Japón y los dólares PPA intentan expresar el valor de compra de un dólar de modo que pueda comprar lo mismo en cada uno de esos países. Y el resultado de esa comparación es que en dólares PPA los países ricos gastan mucho y los pobres gastan poco. Esto es cierto, pero hay una pequeña trampa conceptual.

El gasto educativo corriente está determinado fundamentalmente por el peso que tienen en él los salarios. El problema cuando se comparan salarios es que incluso cuando se corrige por el costo de vida en cada país, cabe la pregunta: ¿cuánto gana un economista serio en cada uno de esos países? No tiene sentido comparar cuánto gana un maestro en dólares en paridad de poderes de compra en dos países que tienen niveles salariales completamente distintos para todas las profesiones (incluyendo economistas serios y maestros). O dicho de otra forma, ¿a alguien le sorprende que por ejemplo en Uganda un maestro cobre un sueldo de la escala salarial de un país como Japón? Primero, probablemente no den las cuentan para eso. Segundo, nadie cree razonablemente que los maestros puedan constituirse en una pequeña cúpula de ese tipo en un país muy pobre cobrando un nivel salarial correspondiente a un país de un nivel de desarrollo mucho mayor. Conclusión: comparar el esfuerzo educativo en términos de poder de compra del gasto educativo –que está determinado fundamentalmente por los salarios docentes– no es buena forma de medir el esfuerzo educativo.

Presupuesto educativo: ¿Qué ves cuando me ves?

Una educación de calidad para toda la ciudadanía constituye uno de los elementos centrales de cualquier proyecto de ampliación de las libertades humanas y por tanto su priorización en términos de gasto público resulta fundamental. En estos tiempos se ha hablado mucho respecto al presuuesto que invierte el Uruguay en educación y si esto es o no suficiente para solventar las aspiraciones sociales que tenemos.

En este sentido, han circulado argumentos técnicos que ponen en tela de juicio las medidas “convencionales” que se utilizan para valorar y comparar el esfuerzo educativo que realiza el Uruguay. Con ánimo simplificador, suelen plantearse dos argumentos: (i) que luego de realizar ciertos ajustes por la “inflación” educativa, el presupuesto destinado a educación como porcentaje del producto bruto interno (PBI) no sólo no ha aumentado sino que incluso ha disminuido (ver aquí, una buena respuesta aquí), y (ii) que las remuneraciones del sector docente son ridículamente bajas en comparación con lo que cobra un docente en un país rico (ver aquí).

Ambos argumentos presentan fuertes debilidades. El primero, porque justamente el objetivo de las políticas de la última década fue “inflar” los costos de la educación por encima del resto ya que los salarios del sistema educativo estaban completamente deprimidos. Mientras que el segundo, al menos no parece un gran hallazgo: comparados puesto a puesto los trabajadores de los países ricos ganan más que los de los países pobres (aquí les dejo un documento con una explicación técnica más profunda).

¿Qué mirar?

La medida más razonable que suele utilizarse para medir el esfuerzo educativo de cada país es el gasto corriente que realiza una sociedad como porcentaje del total de valor neto que genera en un año (PBI). Esto es así, ya que es una medida que muestra el esfuerzo relativo que realiza cada país y no se encuentra expresado en términos absolutos ni se cambia la base de comparación. En el gráfico adjunto elaborado por CEPAL en base a datos oficiales puede observarse la estructura del gasto público social para un conjunto de países de América Latina. estructura gastoComo se desprende de ahí, Uruguay tiene un gasto público social elevado y un gasto educativo relativamente inferior a la media latinoamericana. Sin embargo, incluso a igual cobertura del sistema educativo público, debe tenerse en cuenta la estructura demográfica de cada país. No es lo mismo destinar un 4.5% del PBI en un país como Uruguay con un 22% de jóvenes que en otro donde la población joven alcanza a cerca de la mitad. Si quitamos esos países de la comparación, Uruguay –que comenzó la década al final de la lista– se encuentra hoy en los primeros puestos junto a Argentina, Costa Rica y Chile.

El pecado original

Como señala una investigación realizada por Unicef, la matrícula de enseñanza media en Uruguay no paró de crecer durante todo el siglo XX con dos empujes en la cobertura a partir de los años 50 y 80. Sin embargo, el presupuesto expresado en términos de PBI no acompañó la aceleración impresionante de la matriculación en enseñanza media –¡oh casualidad!– a partir de la salida de la dictadura. Sin lugar a dudas un país chico y con aspiraciones de desarrollo como Uruguay tiene que avanzar en el esfuerzo que dedica a la educación, no basta para la comparación unos pocos años de esfuerzo frente a otros países que lo vienen realizando durante décadas (punto central de coincidencia con Jana Rodríguez).

Le pese a quien le pese, en el Uruguay pos dictadura ha existido un único partido político que ha demostrado compromiso (no sólo con declaraciones de amor) con la educación pública. Ahora, el programa del Frente Amplio plantea acercarse a un gasto educativo equivalente al 6% del PBI. Probablemente con ese esfuerzo relativo Uruguay encabece a los países la región en el gasto que realiza en relación a su cantidad de estudiantes.

¿Es suficiente? No. Corregir el pecado original de décadas de desinversión y estímulos equivocados a la remuneración de la profesión docente no se logrará mágicamente y requiere un gran programa reformista que genere una verdadera revolución educativa. Priorizar el presupuesto educativo –como se ha hecho desde 2005– debe ser el componente prioritario de la política social. Es el pilar básico de la igualación de oportunidades y de la capacidad de generar bienestar en la población. En Uruguay, como dice Tabaré, falta mucho pero falta menos.

*Agradezco enormemente los comentarios de Oriana Montti, Martina Querejeta, Mauricio De Rosa, Fernando Isabella y Gastón González