Los hombres de la calle: historias de delegado

El 26 de octubre me tocó estar todo el día en la calle porque pude conseguir el auto de mis abuelos para dar una mano para trasladar gente que necesitaba moverse para ir a votar y no tenía los medios. En la mañana estuve apostado en el Club Cordón como delegado del Frente Amplio. Mientras estuve ahí, además de fiscalizar mi circuito, llevé a algunos veteranos que no podían moverse por sus propios medios a la mesa de votación que les correspondía. La historia que quiero contar no empieza acá, ni conmigo, pero apartémonos de la historia relevante y contemos cómo llegué junto a una amiga a formar parte de esta historia.

Cumplida la mañana nos dirigimos a la explanada de la UDELAR donde el ECOmité montó su base de operaciones para apoyar a delegados y votantes. Luego de estar unos minutos ahí, un veterano y un joven se acercaron a pedirnos que por favor los lleváramos al lugar de votación. En el caso del primero, sabía de memoria el número de su credencial por lo que rápidamente ubicamos cuál era su lugar de votación. En el caso del joven, no lo recordaba ni lo tenía, por lo que partimos con el que sí sabía a buscar el auto para ir a Maroñas donde le correspondía votar. Al dar la vuelta para partir hacia allí, sentimos los gritos de los gurises indicando que habían logrado identificar el lugar de votación gracias al sistema de búsqueda por nombre y apellido que estableció la Corte Electoral para el día de votación.

El veterano se colocó en el asiento delantero y la amiga que me acompañó se colocó en el asiento trasero con el joven, era un viajecito de media horita así que había tiempo para conversar un rato. El veterano tenía una cultura general muy amplia, que incluía un gran repertorio musical y un conocimiento amplio de las principales figuras y hechos políticos de Uruguay. También nos habló de cuando vivió en Corrientes, de cómo se ganaba la vida cantando allí y la buena relación que había hecho con la familia de su mujer en ese lugar.

El gurí claramente tenía otro perfil sociocultural. Al ratito de andar le dijo a mi amiga que lo acompañaba en el asiento de atrás: “Pa, perdoná flaca, me queman las alas, hoy estuve cargando cajones en la feria de Tristán y es por eso, perdón”. No paraba de apretar las axilas levantando los hombros como un niño avergonzado y apenas pronunció alguna palabra durante el viaje.

La historia de ellos dos, en la que entramos lateralmente, había empezado unos días antes cuando se conocieron en la calle. En particular esta historia arranca un rato antes de que ubicaran el puesto del ECOmité el día de las elecciones.

– ¿Sale un vinito?
– Pa, hoy no, hoy me aguanto. Primero cumplir con el deber cívico y después sí tomo.
– Ah, yo también quiero votar, esta vez sí quiero votar, nunca lo hice.
– No te pregunto a quién vas a votar porque viste cómo es la política, es como el fútbol, que divide a simpatizantes, y nosotros estamos acá en la misma.
– Sabelo, es que quiero votar porque tengo 29 años y nunca voté, ya sé a quién quiero votar.

Ambos tenían la lista de votación en sus bolsillos, pero ninguno se animaba a decirle al otro qué era lo que quería votar. El veterano me contó toda esta historia y cuando llegó a la parte en la que narró que logró ver sin querer la lista que el muchacho tenía guardada, me dijo con los ojos llorosos: “Fue de las cosas más lindas, cuando vi que iba a votar al Pepe, saqué de mi bolsillo la lista, se la mostré y nos dimos uno de los abrazos más grandes en mucho tiempo. Es un gurí con problemas, pero nos agarramos cariño. Ahí supe que teníamos que votar sí o sí y desde ahí estuvimos buscando quién nos lleve.”

Ambos vivían en la calle, pero por motivos distintos. El veterano más bohemio, con problemas con el alcohol y expulsado a la calle por problemas familiares. El joven contó que nunca había tenido al padre y que estaba en la calle hacía años. Ambos agradecidos de las “oportunidades que no aprovecharon” y en contacto con la red de protección social (refugios y ASSE) pero igualmente sin poder integrarse. Pensar que hay países donde cómodos ciudadanos votan voluntariamente y no van a la urna ni la mitad.

Durante todo el camino de vuelta me sonaba en la cabeza la voz del Pepe diciendo una y otra vez “naide es más que naides”. Me quedo con la cara de sorpresa del joven cuando la presidenta de mesa lo miró y él se dio cuenta que efectivamente estaba en el padrón y con casi treinta años podía votar por primera vez. También con el relato del veterano del abrazo tras la coincidencia de voto. La conexión del Pepe con la gente humilde -¡y mucho más allá!- es impresionante. Le deseo a todas las sociedades que una vez en su historia tengan un Tabaré, un Danilo y un Pepe al mismo tiempo. Qué orgullo ser delegado. Como en Tiranos Temblad: “Así que gracias Frente Amplio, por todo lo que nos das”.

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