Comentarios al informe iberoamericano de juventud en México

En primer lugar, quiero agradecer tanto a la OIJ como al resto de los organismos participantes sin los cuales nuestra labor desde los institutos de juventud de iberoamérica sería mucho más pobre y solitaria.

Me toca hacer algunos comentarios al documento desde el punto de vista de Uruguay, pero dejemos el pequeño país al Sur para luego. Lo importante es comentar este interesantísimo documento que sin lugar a dudas se erige, por tercera vez, como una referencia ineludible en la temática de políticas públicas de juventud.

Se me ocurrió que una forma simpática de comentar el documento era plantear tres puntos desde mis tres aproximaciones a la temática: como economista, como politólogo y como activista de los derechos de jóvenes.

1. Como economista: las políticas de juventudes no son neutrales

Dado que este informe ha sido elaborado de forma conjunta con técnicos de CEPAL, como lector de esa usina de ideas económicas desde el Sur, me resulta imposible no aludir a la cuestión específica del cambio estructural para la igualdad y cómo las políticas públicas de juventud cobran sentido únicamente en el marco de proyectos de desarrollo nacionales. No es lo mismo pensar políticas de juventud para acompañar un proceso de cambio estructural con creciente incorporación y difusión del progreso técnico e integración a las cadenas de valor internacional, que pensar políticas de juventud desde un crecimiento meramente basado en exportación de commodities con pequeños enclaves de punta.

No es lo mismo conceptualmente, pero sobre todo no es lo mismo prácticamente. Si vivimos en un mundo donde el progreso técnico remunera de forma creciente a la mano de obra altamente calificada, el futuro productivo -y en términos de igualdad- se juega en la creación de canales comunicantes entre las políticas de desarrollo productivo y cambio estructural y de promoción de las capacidades de nuestros jóvenes. El divorcio de estas dos agendas implicaría, o bien niveles crecientes de frustración en jóvenes que no accederán a trabajos dignos y acordes a sus calificaciones, o presiones desproporcionadas hacia la desigualdad salarial. Resulta imposible pensar las políticas de juventudes únicamente en la dimensión de la protección social, sino que deben pensarse en el marco de un proyecto país que las integre en su dinámica de crecimiento con equidad. Las políticas de protección en general y de juventud en particular no son ni deben ser compensatorias del cambio estructural sino que deben estar en el corazón de la estrategia de desarrollo.

2. Desde las políticas públicas: la institucionalidad de juventud despliega su potencial cuando es transversalizadora o articuladora más que cuando se concentra en la ejecución

El documento nuevamente deja bien en claro la potencialidad que tienen las políticas de juventudes impulsadas desde los organismos especializados en juventud cuando estos toman una perspectiva articuladora o transversalizadora y abandonan parte importante de su pasado ejecutor. En este sentido, queda claro que existen diversos arreglos institucionales en los distintos países de la región iberoamericana, pero del documento se destacan los siguientes puntos del “deber ser” de un modelo ambicioso de políticas de juventud: (i) un organismo de juventud, dotado de autoridad política, debe montar una inter institucionalidad formal para generar innovaciones en políticas de juventud, (ii) la planificación estratégica de políticas de juventud debe realizarse atada a un marco riguroso de objetivos y metas, así como debe comprometer la ejecución presupuestal (Planes Nacionales de Juventud reales), (iii) no es posible realizar políticas de juventud sin una amplia base de generación de información y conocimiento, y (iv) la participación de los jóvenes debe pensarse tanto en el establecimiento de diálogo con los actores sociales existentes como en la generación de canales de incidencia en la políticas públicas.

Quizá sin quererlo, el giro conceptual de pasar a hablar de inversión social en juventud en vez de gasto, a la vez de resaltar y jerarquizar la importancia que tienen este tipo de políticas en el desarrollo social, también le imponen la exigencia de mostrar cuáles son las tasas de retorno. No hay inversión si no hay retorno y más allá que los resultados son conceptualmente evidentes, el documento avanza en la exigencia creciente que cae sobre las políticas de juventudes para que éstas sean coherentes y eficaces en el logro de sus objetivos.

3. Como activista de las cuestiones juveniles: la batalla cultural es clave

En tercer lugar, aparece en el documento la necesidad de que los organismos especializados en juventud pongan arriba de la mesa la discusión respecto al lugar simbólico que ocupan los jóvenes en nuestras sociedades. Como suele decir Matías Rodríguez el director del INJU de Uruguay, los jóvenes históricamente han sido puestos en el banquillo de los acusados. Por sus ideas, por sus modas, por sus prácticas sexuales, por su relación con las sustancias psicoactivas, por cuestiones vinculadas al delito. Una institucionalidad en juventud debe ser capaz de poner arriba de la mesa estas cuestiones de modo de batallar por posicionar a los jóvenes como lo que son, actores estratégicos del desarrollo.

No voy a extenderme sobre el caso uruguayo, donde acabamos de salir de una intensa batalla por quitar a los jóvenes del lugar del peligro y la criminalidad, pero sin lugar a dudas debo decir que los organismos especializados en juventud no pueden nunca, bajo ninguna circunstancia, mirar hacia el costado en la promoción y defensa de los derechos humanos en toda su extensión.

Para finalizar, y volviendo a mirar el documento desde Uruguay, en cierto sentido la región está a tiempo de realizar cosas que nosotros no hicimos. Probablemente hace apenas una década, Uruguay, como país que concluyó la transición demográfica, presentaba uno de los desbalances etarios en la protección más grandes del mundo. En estos últimos diez años hemos emprendido una corrección importante en este desbalance, duplicando la inversión social en juventud fundamentalmente de la mano de la expansión de la inversión en educación. Sin embargo, queda mucho por hacer para que esta inversión y sus resultados en términos de apoyo a la expansión de las capacidades de los jóvenes uruguayos, que no es otra cosa que avanzar en libertad efectiva, esté a la altura de nuestras aspiraciones.

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