A 25 años: Una calle me separa (del blog del viaje de CCEE 2012)

Hace apenas una generación, en el año 1981, mis viejos viajaron con el grupo de Arquitectura y vinieron a Alemania. Hoy estoy parado en Berlín, pero ellos conocieron simplemente una de las dos Berlines, la occidental. Como es muy sabido, luego de la caída de la Alemania Nazi en manos de los Aliados (con un esfuerzo de guerra fundamentalmente soviético), el país fue dividido bajo la administración de las cuatro grandes potencias vencedoras: la Unión Soviética, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. En esta repartija, con el as en la manga de poseer la bomba atómica, las potencias aliadas lograron negociar que Berlín no quedara bajo el control total de ninguno de los dos bloques, sino que fuera divida en dos mitades. De esta forma, la pelea por la simbólica capital histórica de Alemania resultó en una ciudad dividida en dos y rodeada completamente por los territorios dominados por la URSS.

La división de alemania por las potencias

La división de alemania por las potencias

Salimos a las corridas del hotel que queda en la conjunción de las avenidas Karl Marx y Der Pariser Komunne (lector/a: ¿le suena de qué lado de Berlín estaba ubicado el Hotel?). Tratábamos de alcanzar un tour que recorre la historia del “Tercer Raich”, la Alemania bajo control Nazi. No llegamos a tiempo, recalculamos, y salimos hacia el museo sobre la República Democrática Alemana, DDR por sus iniciales en alemán y la parte bajo la esfera de influencia soviética. Este día se convertiría, al revés de los planes en el día rojo, ya que luego de ahí recorreríamos dos puntos emblemáticos de la Guerra Fría: el muro y el museo que se encuentra en la antigua sede del Ministerio para la Seguridad del Estado (STASI, también por sus iniciales en alemán).

Pero volvamos un segundo al tema de la división y dejemos la vida en la DDR y la STASI para otras entradas del Blog. A dos años de firmada la repartija, los intereses de las potencias ya habían quedado en evidencia y la fractura era inminente. En este marco, se proclamaron dos repúblicas con constituciones independientes y ambas con pretensiones de abarcar eventualmente todo el territorio alemán: la República Democrática Alemana (dentro del área de influencia soviética) y la República Federativa Alemana (dentro del área noterteamericana). El punto caliente de la división: Berlín, situada en medio de la DDR pero con una parte de su territorio administrado por la República Federativa de Alemania. Y ahí comienza esta historia.

No hay que ser muy perceptivo para darse cuenta que en cualquier caso dividir una ciudad en dos administraciones políticas de dos repúblicas distintas es claramente una bomba de tiempo. Pero si además estamos hablando del punto simbólico de separación entre los dos sistemas económicos que dividen al mundo, esto parece todavía más explosivo. Tras las tensiones políticas entre los partidarios de cada bando de la guerra fría, los países del bloque soviético establecieron un bloqueo total de la ciudad occidental que duró once meses. La fórmula para contrarrestarlo fue el abastecimiento aéreo de Berlín occidental por parte de las potencias del lado americano que aterrizaron aviones cada pocos minutos con todo lo necesario para el desarrollo de la vida cotidiana de la ciudad. Superada esa crisis, los soviéticos tuvieron que intervenir directamente a pedido del gobierno de la DDR en 1953 para reprimir las manifestaciones contrarias al régimen que reclamaban mayor apertura.

En medio de esta situación de tensión política, lo que todos conocemos, una ola muy grande de emigración desde Berlín oriental hacia el lado occidental (superior a los dos millones). Las autoridades de la DDR en conjunto con las soviéticas llegaron a la conclusión de que la solución a esta situación de sangría pasaba por la construcción de una barrera física que luego se convertiría en el símbolo más emblemático de la Guerra Fría: construir un muro que rodeara todo el territorio de Berlin Occidental para separarlo de la DDR que la rodeaba. El muro de “Contención Anti-Fascista” se convertiría desde el año 1961 en el símbolo de la división del mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial en dos sistemas bajo el liderazgo de las dos grandes potencias de la época: Estados Unidos y la Unión Soviética. Familias enteras quedaron separadas y vecindarios divididos por casi una treintena de años.

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