Lo que sube, baja

Hace apenas unas semanas parecía que la campaña opositora liderada por Lacalle Pou era una obra maestra montada a la perfección: unidad de discurso, buena estética, simplicidad y potencia del mensaje. Hace apenas unas semanas, incluso, se atribuía dicho éxito a virtudes del propio candidato, un “político de raza” al decir de Tabaré, que con muchos recursos y haciéndose rodear de buenos equipos publicitarios había logrado montar la mejor estrategia de campaña de todos los partidos durante las internas… Y que seguiría.

Pero no. Durante las últimas semanas el techo y desmoronamiento de la estrategia es evidente. Tras malos resultados en la nueva ola de encuestas, que refleja la salida a la cancha del Frente Amplio con una fuerte idea de campaña y el fin de la transferencia de intención de voto desde la derecha del Partido Colorado al Partido Nacional, la campaña #Porlapositiva comenzó a hacer agua básicamente por tres lados. En primer lugar, desdefiguras clave del Partido Nacional se desataron fuertes ataques frontales al Frente Amplio y al gobierno por cuestiones varias, lo cual debilitó fuertemente el mensaje e idea fuerza de campaña frente a la opinión pública.

En segundo lugar, la desesperación del Partido Colorado por lograr un poco de protagonismo al retornar a la intención de voto de su piso histórico de 2004, llevó a ataques frontales entre Lacalle y Bordaberry. El drama (o comedia) comienza con duras críticas respecto al tema seguridad, donde Bordaberry se colocó en la posición de querer “descongestionar las calles de delincuentes” y arrinconó a Lacalle en querer “descongestionar las cárceles” y se saldó tras elepisodio de “extorsión” donde Lacalle supuestamente negoció la paz a partir de rescatar la fundida Intendencia colorada de Salto con votos de ediles blancos.

Por último, el mayor indicador del desbarranque brutal de la estrategia de campaña ocurrió esta misma semana, en la que blancos presentaron su “Agenda de gobierno” bajo la idea fuerza de “un gobierno de equipos”. Un buen indicador de fracaso es que la noticia más leídade la semana en uno de los principales portales informativos de perfil opositor tiene el siguiente título: “Luis Lacalle se vio obligado a contradecir públicamente a dos asesores”.

Los límites del discurso sin contenido sustantivo, plagado de respuestas ambiguas sobre tender puentes y derribar muros, mejorar lo bueno y sacar lo malo, quedan al desnudo en un escenario donde la campaña exige realizar consideraciones sobre temáticas específicas del país. Como el esfuerzo por no exhibir las opiniones de fondo en políticas específicas es tan grande, a los asesores y al propio candidato le resulta muy sencillo salirse del libreto positivo y opinar sobre lo bien que estaba el país en 2004, los idiotas informáticos que genera el Plan Ceibal, la Ley de 8 horas del trabajo rural, entre otros.

Sobran ejemplos indicativos del ahora pasado pico de la campaña de Lacalle. Tiene razón Chasquetti, la campaña cambió. Cambió porque se desfiguró la idea de campaña opositora en su propia autocensura respecto a lo que piensan, y porque el Frente Amplio despertó a su estructura, sumando a la consigna “Uruguay no se detiene” una estética alegre y un mensaje potente que prioriza el futuro y las propuestas por sobre lo hecho.

 

@elsantisoto

Politólogo

Economista

 

El pibe atrás de Emma Watson en una foto

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